Imágenes de una Exposición. Filipinas en el Parque de El Retiro, en 1887.

Exposición temporal, Museo Nacional de Antropología, Madrid. 30 de junio – 15 de octubre 2017.

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Ésta es una exposición sobre una exposición. En 1887 tuvo lugar la Exposición General de Filipinas en el Parque de El Retiro, en Madrid: una muestra de objetos, fotografías y personas traídas desde la isla para presentar, en un espíritu de positivismo y exhaustividad, “todos” los aspectos de esta colonia española.

El Museo Nacional de Antropología aprovecha que se cumplen 130 años desde la exposición de Filipinas para reflexionar sobre ella, e invita al público a compartir esta reflexión. Los comisarios evitan cuidadosamente la palabra “aniversario,” pues explican que su objetivo es el de “recordar” y no el de “conmemorar” la exposición original; algo que consiguen con una sensibilidad y claridad admirable dado lo complicado del tema. Para ello cuentan con el asesoramiento científico de Luis Ángel Sánchez Gómez, autor de Un imperio en la vitrina: El colonialismo español en el Pacífico y la exposición de Filipinas de 1887 (CSIC, 2003). Los que estudiamos los regímenes de exposición, y la presentación científica (o pseudocientífica) del cuerpo humano en un contexto urbano, hallaremos muchísimas razones para visitar la exposición. Pero mirando más allá, el objetivo revisionista que plantean los organizadores es muy necesario. No debemos engañarnos. Hace tan solo un mes acompañé a un grupo de niños en una visita a un museo nacional. Me quedé boquiabierta al escuchar cómo el guía que nos asignó el museo les contó a los chicos, delante de un cuadro del XIX que representa el “descubrimiento” de América, la “anécdota divertida” de Cristóbal Colón y los caníbales.

La presente exposición no tiene nada que ver con la nueva tendencia de “re-crear” exposiciones históricas, y todo que ver con fomentar un espíritu crítico sobre cómo se ha construido una historia nacional y colonial. El discurso se desarrolla en torno a un conjunto de fotografías rescatadas del archivo del propio museo, y es un ejemplo de lo que un museo puede conseguir cuando, aun con recursos económicos limitados, saca el máximo partido de sus propios fondos.

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No se podría haber elegido un lugar más apropiado para esta muestra. Se ha colocado en el espacio central del museo, y éste está rodeado de las salas dedicadas a Filipinas, donde se exponen de forma permanente una selección de los objetos que proceden, precisamente, de la exposición de 1887. De este modo, la presente muestra proporciona el marco histórico de esta sección de la colección permanente. Además, dialoga con ella, ya que algunas de las fotografías que documentaron la exposición de 1887 se han colocado al lado de los objetos que figuran en ellas, invitándonos a contrastar las formas actuales y antiguas de exhibirlos.

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La presentación de la materialidad compleja de las fotografías está muy bien resulta. Por una parte, están las fotografías “documentales” que acabo de mencionar, que fueron tomadas principalmente por Laurent y Cia. Éstas muestran los exteriores de los pabellones; el interior de las salas de exposición; y – mucho más incómodas desde la perspectiva actual – las instalaciones recreadas para los filipinos indígenas que se trajeron a la exposición, como la atracción llamada “ranchería de los igorrotes.” Son imágenes que nos obligan a preguntarnos dónde está la línea entre la exposición etnográfica y el “zoo humano.” La fotografía titulada “Igorrotes, Tinguianes, Carolino y Negrito,” en la que posan representantes de estos grupos étnicos con sus respectivos trajes y armas, es un reflejo de la clasificación y tipificación racial que predominó en la exposición de 1887:

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Los paneles de texto nos invitan explícitamente a contrastar estas fotografías de finalidad “antropológico-científica” con un conjunto de retratos de estudio, tomados también en Madrid, en las que las mismas personas van vestidas a la europea. Es, efectivamente, una muestra clara de que las fotografías son – en palabras de los comisarios – “más una creación que un reflejo” de la realidad.

Además de las fotografías de la exposición de 1887, la muestra incluye fotografías que se expusieron en ella. Entre las imágenes enviadas desde diferentes localidades filipinas para este fin, llama la atención las fotografías de cráneos humanos enviados, nada menos, desde el “Gabinete Zoológico de Hipólito Fernández.”

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Aunque la exposición de 1887 tuvo nueve secciones, cuyos títulos iban desde “Ejército e Institutos armados auxiliares de la Administración” hasta “flora y fauna,” la mirada de la exposición actual es, sobre todo, antropológica. En este sentido, os dejo con una de las imágenes más elocuentes de la muestra, una imagen que encierra una multiplicidad de miradas que pretenden ser científicas, y que hoy los comisarios nos animan a ver con otros ojos. Se trata de una fotografía “documental” de una vitrina antropológica en la exposición de 1887; una vitrina que contiene, por su parte, una serie de fotografías de clasificación racial que apoyaban al discurso colonial.

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Alien y los gabinetes de maravillas (o la fina línea entre historia de la ciencia y ciencia ficción o aquello humano y aquello no humano).

 

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Fotograma de la película Alien Covenant

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Gabinete de Curiosidades de Ferrante Imperato, Nápoles 1599.

A priori puede parecer una locura escribir sobre la última película de Alien en un blog sobre culturas urbanas y patrimonio científico, pero después de no poder borrar de mi mente en varios días las imágenes del “gabinete de maravillas” del film, me he visto en la obligación de escribirlo.

Me abstendré de hacer un resumen o comentario de la película. Lo que atrae mi atención es que en 2017 se utilice la potentísima imagen visual de un gabinete de maravillas en las escenas principales de la última película de una de las principales sagas de ciencia ficción, Alien Covenant. Cierto es que el director Ridley Scott es una maestro del arte visual, pero queda claro, viendo las imágenes, que su equipo conocía perfectamente la imaginería de los gabinetes históricos. Es decir, los gabinetes de maravillas siguen atrayendo, como antaño, la curiosidad y el morbo, y desbocando la imaginación de artistas y públicos en 2017. Será bueno recordar este ejemplo del efecto y la atracción de los gabinetes y colecciones naturalistas en los públicos actuales cuando construyamos o visitemos nuevas exposiciones sobre esta materia histórica.

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Fotograma de la película Alien Covenant

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Estatua anatómica del Dr. Auzoux, siglo XIX

Sucintamente, el gabinete de la película ha sido creado en unas catacumbas por el “sintético” David, uno de los protagonistas de la anterior entrega de la saga, que acabó en un planeta desconocido, donde se dedicó a experimentar con virus y criaturas para hacerlas evolucionar hasta una forma de vida perfecta para la aniquilación, en una suerte de Doctor Moreau, y de paso arrasó con toda forma de vida en el planeta. Para hacerlo construye su gabinete de maravillas donde expone, estudia y dibuja los especímenes como si fuera un naturalista del siglo XVII o XVIII, salvo que en vez de intentar poner orden en las creaciones de Dios y de la naturaleza, él es ese Dios o esa naturaleza…

En ese gabinete es donde transcurre el clímax de la película y donde escuchamos los diálogos y reflexiones más interesantes. David ha creado todo ese mundo a partir de su ociosidad, el amor al arte (una referencia constante en toda la película: Wagner, el David de Miguel Ángel, la escena en que David enseña a Walter a tocar la flauta, la silla de Carlo Bugatti, la Natividad de Piero della Francesca, etc.) y la búsqueda del perfeccionamiento natural/divino, todo ello amalgamado con una “locura robotil”.

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Fotograma de la película Alien Covenant

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Fotografía del antiguo Real Gabinete que daría lugar al Museo de Ciencias Naturales de Madrid.

Para contextualizar históricamente, el coleccionismo naturalista y los gabinetes de curiosidades son unos fenómenos de carácter europeo que se extendieron desde el Renacimiento hasta el fin de la Ilustración. Tenían un papel importante como laboratorios de investigación sobre animales, vegetales y minerales que sabios y eruditos de todas partes coleccionaban e intercambiaban para averiguar los secretos y las maravillas de la Creación. Este era el marco mental en el que se movían los naturalistas de la Europa culta de los siglos XVII y XVIII (Pardo, 2010). El gabinete de la película bebe de distintos elementos de los gabinetes históricos (Olmi 1993, 2007):

-En los gabinetes renacentistas predominaba una idea de orden en el sentido estético y de placer; ejerciendo un rol pensado para maravillarse y dar idea de riqueza y variedad, con una función especial dentro de las colecciones para las rarezas. Esta claro que David obtiene un gran placer de sus “rarezas”…

-En el siglo XVII coleccionar especímenes naturales, arte y antigüedades combinaba elevado estatus social y ostentación, riqueza, buen gusto, valor estético y valor “científico”. Lo que ahora entenderíamos como prácticas científicas, en aquel tiempo consistía en trabajar con la naturaleza para entenderla y perfeccionarla. David afirma en varias ocasiones que quiere “perfeccionar” la especie aniquiladora…

-A finales del siglo XVII y el XVIII se aceleraron los niveles de transformación en el coleccionismo y en los museos y éstos se hicieron más “serios y profesionales”, con los primeros intentos de hacer museos de conocimiento y de ordenar y seriar la naturaleza. Estos nuevos métodos y nuevas direcciones crearon un nuevo papel para los museos: las colecciones servirían para mostrar una imagen “verdadera” de la naturaleza, para mostrar un orden encadenado de los seres. El orden encadenado de los seres que va diseñando David resultará fatal…

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Fotograma de la película Alien Covenant

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Col·lecció Salvador a l’Institut Botànic de Barcelona, la colección se extiende de principios del siglo XVII a mediados del siglo XIX.

Volviendo al film, no hay que olvidar un hecho crucial para entender el comportamiento de David que ya observamos en la primera escena de la película (una de las mejores): el despertar de su conciencia sintética sabiéndose mejor que su creador humano.  La frase que David propina a su hacedor es demoledora: “tú buscas a tu creador, yo estoy delante del mío. Te serviré. Sin embargo, tú eres humano y morirás, yo no”. La respuesta de su creador ante tal cruel obviedad se reduce a un “Sírveme ese té”. La relación de este diálogo con la frase que más adelante en el largometraje pronuncia David “servir en el cielo o reinar en el infierno” es evidente. La idea de que la creación del ser humano se rebela y acaba con él es un clásico de la ciencia ficción. La frase que Walter dedica a David “eras demasiado humano, pensabas por ti mismo, te tenían miedo” es reveladora.

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Fotograma de la película Alien Covenant

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La Venerina de Clemente Susini, finales del siglo XVIII

Los historiadores de la ciencia deberían participar de pleno en el debate sobre el futuro de la inteligencia artificial. Si la humanidad desarrolla máquinas a partir de parámetros humanos, ¿actuarán éstas como humanos, con objetivos propios y autoconciencia, bondad / maldad? ¿Verán la humanidad como un paso arcaico en la cadena de la evolución? ¿Realmente seremos una especie moribunda que buscará su resurrección en misiones colonizadoras, tal como afirma David (en alusión, quizá, al cambio climático)? Y en última instancia, una pregunta recurrente en la historia de la ciencia, ¿qué separa aquello humano de lo no humano? ¿Serán las máquinas objetos humanizados o algo parecido a humanos deshumanizados, como por ejemplo aquellos indígenas que se exhibían en exposiciones coloniales en las ciudades europeas del siglo XIX y principios del XX?

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Fotograma de la película Alien Covenant

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Lámina de “Locupletissimi Rerum Naturalium Thesauri” (1734) del Gabinete de Curiosidades del naturalista y farmacéutico Albertus Seba.

Lo que sí parece seguro es que David el sintético no esperaba visitas en su gabinete, principalmente porque toda forma de vida en su planeta había sido arrasada, así que no tenía que preocuparse en su museo de las nimiedades que nos preocupan en la Tierra, tales como la tensión que generan los objetos en la dicotomía entre ser herramientas para enseñar e ilustrar o ser objetos morbosos (Alberti 2011), la perspectiva y enfoque  del museo hacia el público y el doble enfoque de los públicos como receptores de mensajes y a la vez  “públicos activos” constructores de significados y emociones (Hooper-Greenhill 2006; MacDonald 2005). David ni siquiera se tenia que preocupar de tener un libro de visitas!

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Fotograma de la película Alien Covenant

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Recreación de la Col·lecció Salvador de Barcelona para le exposición Salvadoriana

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Fotograma de la película Alien Covenant

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Col·lecció Salvador a l’Institut Botànic de Barcelona, la colección se extiende de principios del siglo XVII a mediados del siglo XIX.