Más sobre colecciones en Museos de Historia Natural

Una roca, una piedra o un fragmento de cuarzo de una colección, en función de que pertenezca a un museo de historia natural o a otro, podrían ser considerados, o no, el mismo objeto dependiendo de los estándares de cada institución. La diferencia en los estilos de gestión de colecciones normalmente está provocada por la…

a través de Gestión de Colecciones en Museos de Historia Natural —

De nuevo, la gente de EVEmuseografía e innovación sobre un tema que nos interesa: la gestión de las colecciones en museos de Historia Natural.

Un tema que, en estos momentos, es crucial para Barcelona y sus colecciones de historia natural que se guardan, se estudian y se enriquecen gracias a los científicos que trabajan en el Museu de Ciències Naturals de Barcelona. Un patrimonio científico construido a lo largo de 140 años, en buena parte gracias al esfuerzo y las aportaciones de las y los barceloneses.

El momento de Barcelona.

En efecto, las colecciones científicas del museo se encuentran ante un momento crucial. Hay que tomar ya la decisión que las personas que más saben y más han pensado en esta cuestión hace tiempo que sugirieron: dotar de más y mejor espacio a las colecciones y a los que se ocupan de ellas en el espacio que se acaba de abrir con la demolición del edificio de los juzgados, un espacio conectable fácilmente con los depósitos y las instalaciones que en estos momentos albergan las colecciones, en el semi-sótano construido hace unos años, bajo el llamado Castell dels Tres Dragons, en el ángulo del Parc de la Ciutadella donde siempre estuvieron y donde deben seguir, ganando nuevos espacios en el futuro edificio contiguo.

Pese a que los ruidos continuos que emite un sistema político a la deriva apenas dejan espacio audible para los problemas reales, se puede hacer mucho en estos momentos para contribuir a cambiar un modelo de explotación que ha conducido a la situación actual y que muestra día a día la fuerza con la que se resiste a ser modificado. Un modelo que planeó en su momento una serie de despropósitos que, de haberse llevado a cabo, hubieran supuesto la renuncia a algo que Barcelona –y el Parc de la Ciutadella en concreto– no se pueden permitir dejar de lado o ahogar en despropósitos neoliberaloides: su historia científica, que debe resultar enriquecedora para una apuesta por la capacidad de transformación social del conocimiento científico.

 

La piel del agua: percepciones de ciencia en el cine -Cold Skin y The Shape of Water-

Hace apenas una semana entregué un borrador que versaba sobre lo humano en el mar. No vamos a hablar de él ahora, todo a su debido tiempo.

Pero, evidentemente, en él mencionaba The Shape of Water, la última obra de Guillermo del Toro, que esta madrugada -hora mediterránea occidental- ha ganado un óscar a la mejor película, junto a otros tres.

Todo ello me hace sonreir, aunque sea lunes por la mañana y llueva.

No quiero comentar aquí la película, ni entrar en valoraciones cinematográficas convencionales.

Voy a irme por las ramas, o las olas. Solo apuntar algunos detalles que me llamaron la atención, en la periferia del argumento principal.

Junto a The Shape of Water, en mi texto, menciono Cold Skin, La Piel Fría o La pell freda, que es el título bajo el que leí por primera vez este libro de Albert Sánchez Piñol que me fascinó mucho más allá de lo que entonces pudiera imaginar. Hay historias que te marcan, sin saber muy bien por qué.

Vi Cold Skin hace solo unos días, no pude verla en el cine porque permaneció un suspiro en cartelera. Una lástima. Todo el mundo me ha hecho malas críticas. Y no sé, cambiaría cosas, pero creo que transmite la esencia. A veces pienso que la que no tiene criterio soy yo. La verdad es que ahora quiero volver a leer el libro. Después de tanto humano-pez en mi vida, tengo la necesidad de volver a las raíces de todo ello, y tengo la sensación de que esa historia tiene algo que ver.

Pero en fin, pensando en ambos largometrajes, el constatar que -almenos uno- no ha dejado indiferente a público y academia -de cine- y, recordando el post de Xavier sobre Alien, me ha llevado a divagar un poco sobre la ciencia que se percibe en ambas películas, independientemente de otras muchas lecturas en las que no voy a entrar.

Me gusta como, a su manera, cada una ambienta el contexto ideológico y anímico en el que se encuentra la ciencia y como lo viven sus protagonistas. Nos dan pinceladas de cómo afrontan la existencia de esas criaturas imposibles en función de la época, del imaginario teórico colectivo que choca contra la evidencia que experimentan.

Por un lado, The Shape of Water transcurre en plena Guerra Fría. Se enfrentan las vertientes más contrapuestas de la ciencia: la utilitaria llevada a un extremo casi cómico -pero por desgracia existente-, carente de curiosidad o afán de conocimiento. Solo una obsesión: que los rusos no se enteren.

Por suerte no todos los personajes son así, hay lugar para otro tipo de ciencia, sino no habría película. Pero no desvelaremos nada. Simplemente muestra a la perfección esa dicotomía.

Otro momento genial -que probablemente haya pasado desapercibido a la mayoría, pero que yo, con mi neurona monopolizada, disfruté mucho-, cuando Giles le cuenta a Eliza que ‘una vez vio una sirena, en una carpa, que resultó ser un mono cosido a la cola de un pez. Pero a él le pareció rea’  -¿y no es eso lo que importa a la experiencia humana?-.

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Giles, en esos segundos de metraje, resume la historia de varias décadas, incluso siglos, de controversia. La existencia de sirenas, de humanos acuáticos, que persisten de hecho hasta nuestros días -en películas como estas-. Se refiere concretamente al caso de los pez-mono o Feejee Mermaids, muy famosas en el siglo XIX (y puede que principios del XX), que formaron parte de espectáculos y exhibiciones como las de P.T. Barnum.

Nos deja entrever la historia de las colecciones y como se mostraban, la atracción por lo exótico y su impacto. Y del encanto y desencanto de todo ello.

Cambiando de cinta, pero siguiendo con la atracción por descubrir nuevas formas de vida, entenderlas. La Piel Fría se sitúa a comienzos de la Primera Guerra Mundial, aunque esto en esa isla perdida en los límites de lo antártico casi no importa.

Además de todo lo que debería relatar de ser esta una revisión a la usanza -la soledad, el miedo, la transformación, los perfiles psicológicos, lo agreste del lugar y del alma humana- me quedo con un momento en el que, a pesar de todo lo que ya intuímos que está al caer, vemos como antes de enfrentarse a esa cruda realidad, hubo un espacio para la curiosidad, las anotaciones, el observar y conocer lo vivo de ese lugar remoto, la información en los cuadernos de campo…

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Captura de pantalla 2018-03-05 a les 13.19.00

 

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Y cuestionar(se) lo establecido para dar explicación a la observación propia:

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Ambas películas siguen alimentando lo fantástico. Se enmarcan en momentos clave en los que la ciencia se percibía de formas distintas. Una mantiene reminiscencias de la curiosidad exploradora, también colonizadora, a partir de unas ideas determinadas pero aún no del todo establecidas. La otra, nos muestra una ciencia más devastada, desencantada. Pero ambas visiones deberán reformularse asaltadas por nuevas realidades. Y, al final, de eso trata el conocimiento científico ¿no?

“Intelligence is the ability to adapt to change”

Stephen Hawking