Thackray Medical Museum, Leeds. Educar a través de las emociones

Mi trabajo de investigación me ha hecho centrarme en los museos anatómicos universitarios del siglo XIX: museos herederos de la Ilustración, y destinados a la formación de estudiantes de medicina. Una visita reciente al Thackray Medical Museum (Leeds, Reino Unido) ha servido para recordarme que existen otros modelos de museo medico-didáctico, con colecciones y museografías muy distintas, otros orígenes, y otros públicos en mente. Hoy comparto algunas imágenes de los espacios de este museo, y comento su enfoque didáctico en relación a los museos anatómicos universitarios.

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Thackray Medical Museum, Leeds

Museo, hospital, universidad, workhouse y cementerio

El Thackray Medical Museum nace del encuentro de una serie de espacios institucionales. Inaugurado en 1861, el edificio fue originalmente un workhouseun asilo para pobres donde las personas sin recursos eran obligadas a trabajar a cambio de alojamiento, comida y atención sanitaria. Las duras condiciones de los workhouse fueron descritas memorablemente por Charles Dickens en Oliver Twist (1837-39). En aquel momento, Leeds era una ciudad industrial con una población urbana en rápido crecimiento y condiciones insalubres. No fue casualidad que el workhouse fuera construido justo enfrente de un cementerio de las afueras de la ciudad, pues así se simplificaba el traslado de los muertos. Las personas fallecidas en el workhouse fueron enterradas en tumbas anónimas en el Beckett Street Cemetery.

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Beckett Street Cemetery, Leeds

El workhouse fue trasformado en hospital militar durante la Primera Guerra Mundial, y tras el fin del conflicto se convirtió en el Hospital Público de Saint James. Ampliado en los años sesenta del siglo XX, en 1970 se convirtió en hospital universitario al afiliarse a la Facultad de Medicina de la Universidad de Leeds.

En los años noventa el hospital dejó de utilizar el antiguo workhouse. El edificio decimonónico pasó entonces a albergar una colección que – a diferencia de la de muchos museos médicos europeos – no tiene relación directa con la universidad o el hospital, y tampoco con el workhouse. Se trata de la colección de objetos médicos heredados o adquiridos por Paul Thackray, descendiente de una familia de destacados farmacéuticos de Leeds, a finales del siglo XX.

Educación, emociones, experiencia

Los museos médicos universitarios del siglo XIX clasificaban, racionalizaban, y ordenaban el cuerpo humano y la enfermedad con fines didácticos. La selección de los objetos, así como la museografía, estaba pensada para recibir la mirada  “científica”, supuestamente objetiva, del médico o del estudiante de medicina. Era ésta, generalmente, una educación visual basada en suprimir las emociones, y asociada a la masculinidad. Ni siquiera las llamadas “Venus anatómicas” ­ ­– esculturas en cera que invitaban miradas tan sensuales como “científicas” hacía el cuerpo femenino – buscaban despertar una relación de empatía entre el observador y el cuerpo observado. La palabra “mirada” es clave aquí, pues los objetos expuestos estaban separados de los espectadores por el cristal de las vitrinas y las urnas.

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Museo (o gabinete) anatómico del Real Colegio de Cirugía de Madrid, que pasó a la Universidad Central de Madrid. (imágen de la Ilustración de Madrid, 21 de julio de 1849)

Los objetos del Thackray Museum no tienen la “carga histórica” de las colecciones museísticas universitarias decimonónicas, y es probable que este hecho haya facilitado que se hayan puesto al servicio una visión museológica totalmente distinta.

La primera impresión no es de un Siglo XIX ordenado y racional, sino caótico y peligroso. El recorrido empieza metiendo a los visitantes, (casi) literalmente, en la miseria de los barrios bajos de Leeds. Las primeras salas consisten en una recreación a escala, con sonidos y olores “auténticos”, de una calle sucia, oscura, ruidosa e insalubre de 1842.

resize 3Pasamos por la barraca del matadero, por la letrina pública (donde resulta difícil detenerse a causa del olor), y por la casa de una niña moribunda, cuya respiración prácticamente extenuada escuchamos.

resize 4Cartelitos colocados por el camino van fijando la atención de los visitantes en detalles relevantes para la salud humana, como la fuente pública con agua contaminada con la bacteria del cólera, o los fever dens donde se separaba a las personas con enfermedades contagiosas.

resize 5Es una museografía que tiene el enfoque etnográfico y la vocación social de la llamada “nueva museología” de la segunda mitad del siglo XX.  Su objetivo aquí es buscar la empatía del público de hoy hacia los personajes (ficticios pero presentes y palpables) del pasado, y captar la atención de los visitantes mediante su inmersión en la realidad de estos personajes.

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Los paneles explicativos invitan a los visitantes a escoger una tarjeta biográfica sobre uno de los personajes y de seguir su historia a través de las distintas salas. Yo elegí a “Mrs Ingham,” de 73 años, dueña de una casa de huéspedes.

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De este modo, a diferencia que en los museos médicos universitarios, se pretende educar a un público amplio a través de las emociones, utilizando todos los sentidos. “Humanizar” la medicina; centrándose en la vida de los enfermos y de los pobres más que en la profesión médica. Este enfoque encaja con la historia del propio edificio, pues los personajes de la “calle en 1842” son todos de clase social baja, y serían susceptibles de haber pasado temporadas o de haber acabado sus vidas en un workhouse.

Uno de los principales medios utilizados por el Thackray Museum para provocar emociones es la recreación de escenas a escala real, con personajes en tres dimensiones de tamaño natural. Curiosamente, éste es un medio que evitaban los museos anatómicos universitarios del Siglo XIX, pero que los museos de cera populares como Madame Tussaud’s usaban constantemente. En éstos últimos era frecuente encontrar escenificaciones con cabezas decapitadas y héroes de guerra desangrándose.

Cuando los visitantes salen de esta experiencia sensorial de la “calle en 1842”, se encuentran con un museo un poco más convencional. En las siguientes salas se mezclan recreaciones a escala, y otros objetos creados ex proceso para el discurso didáctico, con objetos históricos de la colección. Los paneles de texto y las cartelas plantean preguntas y sus correspondientes respuestas de una forma divertida. Por ejemplo, invitan a que los visitantes busquen un tratamiento para la enfermedad de su personaje, y calculen si éste hubiera tenido los medios económicos para costearlo.

resize 8Los textos de los paneles explicativos están, al parecer, inspirados por el método de Margareta Ekarv para la redacción de textos expositivos “legibles” y accesibles: lenguaje simple, sin construcciones gramaticales complejas, verbos activos en lugar de pasivos, y líneas de texto muy cortas.[1]

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La escenografía que quizás más recuerde a los museos de cera populares del S.XIX está en la sección titulada “Hannah Dyson’s ordeal” ­(que podemos traducir algo como “el sufrimiento” o la “dura experiencia” de Hannah Dyson). Muestra una niña a la que se le amputa una pierna tras sufrir un accidente en la fábrica en la que trabajaba, y que moriría de septicemia unas semanas después de la operación. El nombre de la niña es inventado, pero la historia está basada en un caso real.

resize 10Al lado de la escena se proyecta un vídeo en el que unos actores interpretan las fases previas a la amputación, sin mostrar la parte más sangrienta del proceso. La muestra se aprovecha de la fascinación “instintiva” que tenemos los humanos hacía aquello que imita la realidad más cruda, y que los historiadores del arte han asociado tradicionalmente a una cierta vulgaridad. En este sentido Francisco Miquel y Badía escribió en torno a 1890 que “al vulgo le agradan y le entretienen, y aun le sorprenden y maravillan, todas las imitaciones puntualísimas del hombre y de la naturaleza, tales como las figuras de cera y los dioramas”[2].

Las últimas salas del recorrido han sido acondicionadas más recientemente, y continúan  el discurso expositivo desde el Siglo XIX hasta el presente centrando la mirada en el paciente. Por ejemplo, la sección Recovery (recuperación) incluye el video de una entrevista a una ex-militar que combatió en Oriente Medio y que sufre trastorno por estrés postraumático.

resize 11.jpgPara terminar el recorrido, los visitantes pueden desviarse para entrar en la sala “LifeZone,” un espacio interactivo sobre vida saludable diseñado específicamente para niños. ¡Así que terminé mi visita acompañando a un guisante en su recorrido por el intestino!

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[1] Sobre este método, véase Margareta Ekarv, “Combating redundancy: Writing Texts for Exhibitions” (pp. 201-204) y Elizabeth Gilmore and Jennifer Sabine, “Writing Readable Text: Evaluation of the Ekarv Method” (pp. 205-210), The Educational Role of the Museum, ed. Eileen Hooper-Greenhill, 2ª ed. (Routledge: London and New York, 1994).

[2] Francisco Miquel y Badía, El Arte en España (Barcelona: A. Elías y Compañía, ca. 1890), pp. 354-55

4 comentarios en “Thackray Medical Museum, Leeds. Educar a través de las emociones

  1. Chloe, con tu texto y fotografías me has hecho tener ganas de conocer ese museo, creo que la aproximación museística es muy interesante y envolvente al interrelacionar cuestiones sociales, políticas y económicas con la perspectiva médica! También eso que nos cuentas de ponerse en el lugar de, me agrada y creo que puede ser mucho más didáctico! Muchos saludos, Haydeé

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    • Hola Haydée, muchas gracias por tu comentario. Me alegro de que te pareciera interesante y que te diera ganas de visitarlo. La verdad es que se ve a los visitantes muy enganchados, tanto niños como adultos, y esto dice mucho en favor del enfoque del museo.

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  2. Excelente reseña experiencial del Thackray. Me pregunto cómo estará ahora mismo el contexto urbano que rodea al museo. A pesar de no estar lejos del centro, hace una década la ubicación era un tanto periférica, un poco degradada y quizá un poco enrevesado llegar. Pero se trata de una ciudad en cambio permanente y un museo excelente pero quizá aún poco conocido. Amunt Leeds!!!

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  3. Muchas gracias por el comentario. El contexto urbano del museo no creo que haya cambiado mucho en estos años, pues sigue teniendo un aspecto algo descuidado. No se tarda mucho en autobús desde la estación, y de hecho hay un descuento en el precio de la entrada para aquellos que lleguen en transporte público. ¡El desvío vale la pena!

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