La piel del agua: percepciones de ciencia en el cine -Cold Skin y The Shape of Water-

Hace apenas una semana entregué un borrador que versaba sobre lo humano en el mar. No vamos a hablar de él ahora, todo a su debido tiempo.

Pero, evidentemente, en él mencionaba The Shape of Water, la última obra de Guillermo del Toro, que esta madrugada -hora mediterránea occidental- ha ganado un óscar a la mejor película, junto a otros tres.

Todo ello me hace sonreir, aunque sea lunes por la mañana y llueva.

No quiero comentar aquí la película, ni entrar en valoraciones cinematográficas convencionales.

Voy a irme por las ramas, o las olas. Solo apuntar algunos detalles que me llamaron la atención, en la periferia del argumento principal.

Junto a The Shape of Water, en mi texto, menciono Cold Skin, La Piel Fría o La pell freda, que es el título bajo el que leí por primera vez este libro de Albert Sánchez Piñol que me fascinó mucho más allá de lo que entonces pudiera imaginar. Hay historias que te marcan, sin saber muy bien por qué.

Vi Cold Skin hace solo unos días, no pude verla en el cine porque permaneció un suspiro en cartelera. Una lástima. Todo el mundo me ha hecho malas críticas. Y no sé, cambiaría cosas, pero creo que transmite la esencia. A veces pienso que la que no tiene criterio soy yo. La verdad es que ahora quiero volver a leer el libro. Después de tanto humano-pez en mi vida, tengo la necesidad de volver a las raíces de todo ello, y tengo la sensación de que esa historia tiene algo que ver.

Pero en fin, pensando en ambos largometrajes, el constatar que -almenos uno- no ha dejado indiferente a público y academia -de cine- y, recordando el post de Xavier sobre Alien, me ha llevado a divagar un poco sobre la ciencia que se percibe en ambas películas, independientemente de otras muchas lecturas en las que no voy a entrar.

Me gusta como, a su manera, cada una ambienta el contexto ideológico y anímico en el que se encuentra la ciencia y como lo viven sus protagonistas. Nos dan pinceladas de cómo afrontan la existencia de esas criaturas imposibles en función de la época, del imaginario teórico colectivo que choca contra la evidencia que experimentan.

Por un lado, The Shape of Water transcurre en plena Guerra Fría. Se enfrentan las vertientes más contrapuestas de la ciencia: la utilitaria llevada a un extremo casi cómico -pero por desgracia existente-, carente de curiosidad o afán de conocimiento. Solo una obsesión: que los rusos no se enteren.

Por suerte no todos los personajes son así, hay lugar para otro tipo de ciencia, sino no habría película. Pero no desvelaremos nada. Simplemente muestra a la perfección esa dicotomía.

Otro momento genial -que probablemente haya pasado desapercibido a la mayoría, pero que yo, con mi neurona monopolizada, disfruté mucho-, cuando Giles le cuenta a Eliza que ‘una vez vio una sirena, en una carpa, que resultó ser un mono cosido a la cola de un pez. Pero a él le pareció rea’  -¿y no es eso lo que importa a la experiencia humana?-.

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Giles, en esos segundos de metraje, resume la historia de varias décadas, incluso siglos, de controversia. La existencia de sirenas, de humanos acuáticos, que persisten de hecho hasta nuestros días -en películas como estas-. Se refiere concretamente al caso de los pez-mono o Feejee Mermaids, muy famosas en el siglo XIX (y puede que principios del XX), que formaron parte de espectáculos y exhibiciones como las de P.T. Barnum.

Nos deja entrever la historia de las colecciones y como se mostraban, la atracción por lo exótico y su impacto. Y del encanto y desencanto de todo ello.

Cambiando de cinta, pero siguiendo con la atracción por descubrir nuevas formas de vida, entenderlas. La Piel Fría se sitúa a comienzos de la Primera Guerra Mundial, aunque esto en esa isla perdida en los límites de lo antártico casi no importa.

Además de todo lo que debería relatar de ser esta una revisión a la usanza -la soledad, el miedo, la transformación, los perfiles psicológicos, lo agreste del lugar y del alma humana- me quedo con un momento en el que, a pesar de todo lo que ya intuímos que está al caer, vemos como antes de enfrentarse a esa cruda realidad, hubo un espacio para la curiosidad, las anotaciones, el observar y conocer lo vivo de ese lugar remoto, la información en los cuadernos de campo…

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Y cuestionar(se) lo establecido para dar explicación a la observación propia:

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Ambas películas siguen alimentando lo fantástico. Se enmarcan en momentos clave en los que la ciencia se percibía de formas distintas. Una mantiene reminiscencias de la curiosidad exploradora, también colonizadora, a partir de unas ideas determinadas pero aún no del todo establecidas. La otra, nos muestra una ciencia más devastada, desencantada. Pero ambas visiones deberán reformularse asaltadas por nuevas realidades. Y, al final, de eso trata el conocimiento científico ¿no?

“Intelligence is the ability to adapt to change”

Stephen Hawking

Hablamos con Natasha Ruiz-Gómez…

Reproducimos aquí una conversación informal (entrevista realizada por Alfons Zarzoso en el mes de enero de 2018, en la red) que hemos mantenido con Natasha Ruiz-Gómez a propósito de la conferencia “Curating Pathology at the Musée Charcot” que impartió el pasado miércoles 24 de enero en el Institut d’Estudis Catalans (Sala Nicolau d’Olwer, calle del Carme, 47, Barcelona). La charla, gratuita y abierta a todas las audiencias, ha formado parte del ciclo Objectes perduts: explicar i exposar ciència a museus i altres llocs públics dentro de los coloquios que anualmente organiza la Societat Catalana d’Història de la Ciència i de la Tècnica (http://schct.iec.cat/). La entrevista ha sido publicada también en el blog de la SCHCT: Entrevista: Hablamos con Natasha Ruiz-Gomez

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Musée Charcot. Paris, ca. 1894

 

Hablamos con Natasha Ruiz-Gómez, que trabaja como “senior lecturer” en Historia del Arte en la University of Essex. Especialista en arte francés del siglo XIX y principios del siglo XX e interesada en la intersección del arte y la medicina. Ha publicado en Art History, Medical Humanities, Thresholds y en varias antologías, así como en catálogos de exposiciones, como el que recién tuvo lugar en el Statens Museum for Kunst, Copenhagen.  Está gestionando ahora la publicación de un libro donde examina los ‘scientific artworks’ del Dr Jean-Martin Charcot y la Escuela de la Salpêtrière. Natasha ha obtenido diversas becas internacionales, que incluyen un “Research Fellowship” del Leverhulme Trust, un “five-year Research Councils UK Fellowship” y un “Kress Curatorial Fellowship” en el Brooklyn Museum.  También le fue concedida una “Medical Humanities Small Grant” del Wellcome Trust para co-organizar el simposio ‘Collect, Exchange, Display: Artistic Practice and the Medical Museum’ at the Hunterian Museum, London, en 2014.

 

Natasha Ruiz-Gómez se halla en la fase final de la publicación de su investigación sobre los “objetos de ciencia artísticos” producidos en y por la escuela y hospital de la Salpêtrière en el Paris del último tercio del siglo XIX. Aquellos objetos formaron lo que se conoce como “Musée Charcot”, fundamentaron la enunciación clínica de las enfermedades nerviosas y fueron ejecutados por médicos de gran reputación, como el mismo Jean-Martin Charcot o el gran Paul Richer. El arte y la medicina se cruzan de manera clara en este objeto de estudio. Un hecho tan relevante como significativo nos parece la aproximación que hace Natasha Ruiz-Gómez, como historiadora del arte interesada por la intersección del arte y de la medicina, en un contexto de formulación de la ciencia médico donde las formas de expresión y de comunicación permitían el uso de este recurso.  La bibliografía que adjuntamos al final nos ha permitido descubrir algunas de las líneas de esta investigación, así como su aproximación a estos objetos de estudio. Conversamos con ella…

 

Necesitamos situar a Charcot y su forma de entender la construcción del conocimiento médico en el París de la segunda mitad del siglo XIX. ¿Por qué Charcot construye un museo de anatomía patológica? ¿En qué medida ese museo estaba en relación con otros lugares de trabajo hospitalario? Además de las salas clínicas, donde Charcot y su escuela disponían de un auténtico arsenal, un museo de patología viva, nos interesa saber cómo se fundamentó y comunicó el conocimiento creado a partir de la intersección con otros espacios, como el estudio fotográfico o la sala de electroterapia.

As you know, Charcot was famous during his life for giving primacy to the visual.  One of his students, in fact, hypothesized that Charcot studied nervous diseases specifically because their symptomatology was visible.  It makes sense, then, that he would ask the Assistance Publique in Paris to fund a photography studio, a casting studio, and a museum at the hospital, as these were all means to disseminate the visual records of the nervous diseases he and his students studied at the Salpêtrière.  During his celebrated lectures—both in the hospital and abroad—he made use of the materials created in the various studios of the hospital.  The photographs, casts and ‘specimens’ from the museum also helped to establish his reputation around the world, such as when he travelled with some of them to the International Medical Congress in London in 1881.  They complemented the ‘living pathological museum’ of the hospital.  And that ‘living’ hospital also acted in those new spaces: the hysterics were photographed, the ataxics were cast, etc.  There is even an eye-witness account of the ‘Queen of the Hysterics’, Blanche Wittmann, wandering hypnotized around the Musée Charcot, becoming a specimen herself in the process.

 

Nos puedes comentar algo sobre qué tipo de objetos contenía el Musée Charcot, de donde procedían, cómo se ejecutaban. A través del estudio de la obra de Paul Richer, médico y artista en la Salpêtrière, en tu investigación destacas la creación de un nuevo espécimen médico que fue conceptualizado como “scientific artwork”. ¿Cómo puedes definir esta idea o describir este objeto? ¿Por qué aquellos médicos recurrieron a una forma artística de expresión de conocimiento que no se basaba en el registro mecánico? ¿De qué manera esta fabricación de objetividad pone límites a la idea hegemónica de la objetividad científica en aquel período?

The Musée Charcot exhibited bones, casts, drawings, photographs, equipment, sculptures and, as I’ve already mentioned, even patients.  Paul Richer, one of Charcot’s most important protégés and the resident artist at the Salpêtrière, created a series of pathological sculptures for the museum; they include a woman with Parkinson’s and a young man with myopathy, among others.  A colleague at the Salpêtrière, Henry Meige, called one of these sculptures a ‘scientific artwork’.  To me, this term encapsulates the artistic project of Charcot and the Salpêtrière School (and it is why it is the title of my book).  To the doctors at the Salpêtrière, the term ‘scientific artwork’ was not an oxymoron: instead, it indicates the deliberate conflation of the objective (scientific) and subjective (artistic) binary in Richer’s sculptures specifically and in the myriad images and objects illustrating nervous pathology that emerged from the Salpêtrière at the end of the nineteenth century.  This is what I find fascinating about Charcot and the Salpêtrière School: they claimed to be perfectly objective, but then they consciously utilized artistic practices and the history of art in order to craft medical imagery and objects.  Of course, this runs counter to Daston and Galison’s argument in Objectivity (Zone Books, 2007) that the dominant paradigm at the end of the nineteenth century was ‘mechanical objectivity’, epitomized by the camera.  Charcot and his students do not fit neatly into any of the ‘epistemic virtues’ that Daston and Galison attempt to define.

 

Nos interesa el proceso de creación de aquella cultura visual material en la Salpêtrière desde la perspectiva del sujeto enfermo. ¿Tuvo algún papel el paciente en aquel proceso? ¿Se convirtió el paciente en un simple caso clínico? ¿En la medida en qué se construyó un ejemplo patológico, el paciente representado perdió su identidad?

Charcot was generally interested only in hearing patients recount their symptoms. It is well known that he often discounted what they were saying and, when giving a lecture using patients as examples, he could sometimes speak brutally about their symptoms or their fate.     

One of the things that I’ve tried to do in my book is to return to the patients their name and their voices, as much as possible.  Most of the patients at the Salpêtrière were working class women—individuals who already did not have much of a voice.  It is significant that the titles of Richer’s pathological sculptures give only the illness and not the patient.  Yet, at least in one case, the name of the patient is ‘written’ on their chest, incised by Richer into the wet clay or plaster.  These sculptures are meant to represent a ‘type’ but, at the same time, they are clearly portraits of specific individuals.  The tension between these two concepts—‘type’ and ‘individual’—is inherent in the work.  However, I think that using art historical terminology—in this case, the term ‘portrait’—is useful in providing a new way of thinking about this kind of medical specimen, which seems unique to the Salpêtrière.

Nouv. Iconogr. de la Salpêtrière. Phototype Nég. A. Londe. Esculturas de Paul Richer: Busto de mujer que padece una parálisis labioglosofaríngea y Actitud y Facies en la enfermedad de Parkinson.
 

 

La investigación sobre Charcot y Richer muestra que la Salpêtrière se convirtió en un lugar de fabricación de evidencias científicas relacionadas con la naciente neurología. Nos hallamos ante una cultura material formada por representaciones visuales en todo tipo de soportes –modelos anatómicos, bustos, fotografía, ilustraciones, dibujos, grabados, pinturas- que fueron comunicados a través del museo, de salones y congresos y, de manera especial, del mundo editorial. Incluso se plantearon la producción seriada de una colección de yesos neurológicos. ¿Se puede hablar en términos empresariales de un negocio fundamentado en aquella nueva ciencia?

This is an interesting question.  I think that perhaps there was an attempt at disseminating some of these objects on a larger scale.  As you mention, Richer’s ‘scientific artworks’ are a case in point.  In 1895 they were marketed, presumably to other medical museums, under the title ‘Plaster Collection of the New Iconography of the Salpêtrière’, without much success.  Of course, by then there were new medical technologies that introduced other ways of seeing—I’m thinking here of x-rays, for example.  A collection of sculptures might have seemed very old-fashioned.

 

¿Qué sabemos sobre los públicos del Musée Charcot? Las representaciones pictóricas de la Salpêtrière suelen mostrar un ambiente docente o de sesión clínica. Nos preguntamos sobre el régimen de exhibición de aquellos objetos: ¿en qué condiciones se exhibían aquellos objetos? ¿Cómo se miraban estas piezas?

I have not found many mentions of the Musée Charcot in the press, so it is hard to speak of its public(s).  One can presume that some of the attendees of Charcot’s lectures must have seen it.  We do know that it was visited by people as diverse as a Belgian psychologist and a writer—a man of science and a man of letters, which already says something about the diverse publics who had access to it.  The latter, Maurice Guillemot, wrote a very evocative description of the museum, in which he compares it to Dante’s Inferno and ‘the macabre work of Poe’.

 

Sabemos que Richer, autor de algunas de aquellas piezas, un científico sin formación artística reglada ganó el puesto de profesor de anatomía en la Escuela de Bellas Artes de París y llegó a ser el primer médico elegido miembro de la Academia de Bellas Artes. ¿Qué impacto tuvo Richer en los salones artísticos de su época? ¿Cuál ha sido la consideración de su obra escultórica desde la historia del arte? Por otra parte, si pensamos en los espectáculos populares del París fin-de-siècle, nos preguntamos si se puede establecer una relación entre los bustos parlantes del Musée Charcot –expresión de una enfermedad- y las cabezas parlantes de las barracas de feria?

Richer started exhibiting at the Paris Salon while still at the Salpêtrière.  While one of his early artworks was vaguely scientific, the others could be characterized as Realist or Naturalist.  They depict labourers, such as a Harvester, a Reaper, a Sower, etc.   His work is in the style of Jules Dalou, who was an important figure at that time but is mostly forgotten today.  Richer’s Salon sculpture is not usually included in the art historical canon—and I don’t think it should be!  If we consider that Rodin was already working on the Gates of Hell at that time, then it becomes clear that Richer’s sculpture is quite retrograde both in style and subject matter.  It is nonetheless impressive, especially for a self-taught sculptor.

It is hard to make a comparison between the contents of the Musée Charcot and popular exhibitions from the time.  The hospital setting gave the museum a legitimacy that itinerant shows lacked.  However, one of these travelling shows—the collection of Dr Spitzner—used Charcot’s image for its own purposes.  A poster for the Spitzner collection included a reproduction of the famous Salon painting by André Brouillet, Une Leçon clinique à la Salpêtrière (1887), which shows Charcot discoursing to le tout  Paris as a hypnotized hysteric swoons to his side.  This painting may also have been reproduced on one of its facades.  Moreover, Sptizner commissioned a life-size wax rendering of the group of Charcot and the hysteric from the Brouillet painting, which would have greeted the visitor to his collection.  I’m sure Charcot never imagined that he himself would be turned into an image!

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Une leçon clinique à la Salpêtrière, Pierre Aristide André Brouillet, 1887, 290cm x 430cm, Université Paris Descartes, Musée d’Histoire de la Médecine

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Further reading:

Natasha Ruiz-Gómez, A Hysterical Reading of Rodin’s “Gates of Hell”, Art History, 36.5 (2013): 994-1017 doi: http://dx.doi.org/10.1111/1467-8365.12047

Natasha Ruiz-Gómez, The “Scientific Artworks” of Doctor Paul Richer, Medical Humanities, 39:1 (2013), 4-10 http://doi: 10.1136/medhum-2012-010279.

Natasha Ruiz-Gómez, Shaking the tyranny of the cadaver: Doctor Paul Richer and the “Living Écorché”, in K. Wils, R. de Bont, S. Au (eds), Bodies Beyond Borders. Moving Anatomies, 1750-1950, Leuven UP, pp. 231-257.

 

Resumen de la conferencia: Curating Pathology at the Musée Charcot

The Hôpital de la Salpêtrière was at the center of the hysteria ‘epidemic’ in late-nineteenth-century Paris, but its museum of pathological anatomy, the so-called Musée Charcot, exhibited photographs, drawings, skeletons, anatomical specimens, casts and sculptures of ‘artistic pathology’ that depicted other, more disquieting illnesses.  Founded by artist-manqué Dr Jean-Martin Charcot (1825-1893), head of the hospital’s medical service for over thirty years and one of the founders of modern neurology, the museum was populated by works created by the many doctors whose artistic sensibilities were nurtured by Charcot.

The Musée Charcot offered a partial and idiosyncratic vision of nervous disease.  The only known photograph of this museum, which is no longer extant, shows a curious group of objects and images, which coalesce under the umbrella of medical evidence.  If illumination was the presumed goal of the anatomical museum since the Enlightenment, the exhibits here more often resulted in the obfuscation of pathology.  In addition to shedding light on this space of curated morbid anatomy, this talk focuses on the mostly unknown and unpublished albums from the Musée Charcot’s collection that replicate the museum’s methodology in miniature.  In these ‘lost objects’, accomplished drawings and enigmatic photographs compete with more ‘objective’ graphs and diagrams to represent the pathologies seen at the Salpêtrière.  Like the anatomical specimens, sculptures, wax casts, medical equipment and reproductions of artworks in the museum—or the objects in an early modern Wunderkammer—the contents of the albums cohere only when seen as the collection of a single individual: the Musée Charcot’s formidable founder.

Hablamos con María José Galé…

Reproducimos aquí una conversación informal (entrevista realizada por Alfons Zarzoso en el mes de enero de 2018, en la red) que mantuvimos con María José Galé a propósito de la conferencia “¿Dónde se sitúa el escenario? Desviar las miradas sobre lo espectacular” que impartió el pasado martes 6 de febrero en el Institut d’Estudis Catalans a las 19h (Sala Nicolau d’Olwer, calle del Carme, 47, Barcelona). La charla, gratuita y abierta a todas las audiencias, forma parte del ciclo Objectes perduts: explicar i exposar ciència a museus i altres llocs públics dentro de los coloquios que anualmente organiza la Societat Catalana d’Història de la Ciència i de la Tècnica (http://schct.iec.cat/). La entrevista ha sido publicada también en el blog de la SCHCT: Entrevista: Hablamos con María José Galé

 

Hablamos con María José Galé,  asesora de formación del profesorado y profesora en el Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura y las Ciencias Humanas y Sociales en la Facultad de Educación de la Universidad de Zaragoza. Es también formadora ciudadana en el marco de una sociedad y una escuela inclusiva desde una óptica de género y de interseccionalidad. Dispone de una formación universitaria multidisciplinar –filología, psicopedagogía, magisterio, psicología y filosofía- que traslada a sus objetos de estudio –los cuerpos- en la encrucijada del pensamiento crítico feminista, el arte, la filosofía y la literatura. Se doctoró en la Universidad de Zaragoza (2013) con un estudio sobre corporalidades singulares a la luz del pensamiento de Judith Butler.  En 2016, Edicions Bellaterra publicó su libro Mujeres barbudas. Cuerpos singulares, que ha sido leído ya en diversas ciudades a ambos lados del Atlántico y reseñado en este enlace. Se pueden consultar otras entrevistas a M.J. Galé, aquí y también aquí.

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Comenzamos por la palabra. El libro Mujeres barbudas. Cuerpos Singulares arranca poniendo de manifiesto el peso del lenguaje. Hay una dificultad de definir el cuerpo y una necesidad de entender la categorización de lo corporal en cada contexto histórico. Nos preguntamos en qué ha influido el pensamiento de Judith Butler en tu comprensión y defensa de una propuesta que comprenda “todos los cuerpos”.

Me interesa la idea que formulas de una propuesta que “comprenda” en el sentido de abarcar y en el de entender, ya que vivimos un momento en el que tenemos la oportunidad de ampliar nuestros conocimientos, nuestra capacidad de comprensión ampliando las nociones de lo pensable y de lo vivible. Leer y escuchar a Judith Butler supuso precisamente esa posibilidad, por un lado la de poder cuestionar y desmantelar las nociones que se establecen como inamovibles en relación al cuerpo y por, otro lado, la de evidenciar que pensamos desde nuestros cuerpos, no en y desde la abstracción.

 

En el libro hablas de cuerpos singulares, fronterizos o mestizos que habitan una zona gris donde la diversidad corporal desafía el binarismo y la normatividad. Y aquí es donde aparece tu objeto de estudio: las mujeres barbudas. Nos ha recordado el descubrimiento de J. Halberstam en Skin shows (1995) de la construcción del cuerpo monstruoso en las representaciones visuales de la contemporaneidad. ¿Podemos hablar de una semejanza entre las mujeres barbudas y la condición corporal monstruosa entendidos como cuerpos resistentes ante el discurso hegemónico?

Las mujeres barbudas tienen cuerpos que resisten al discurso hegemónico en muchos sentidos, ponen en tela de juicio muchas de las certezas que se venían considerando acerca de lo humano y se sitúan en un límite de lo pensable que logra que lo pensable deba rearticularse. Hay una necesidad de pensar el cuerpo justo en ese lugar de límite. Esa noción de zona gris, tal y como indico en el libro, la tomo de una intervención de Laura Bugalho y me resulta muy productiva porque implica pensar desde otro lugar.

 

En tu recorrido de las representaciones culturales sobre mujeres barbudas desde el siglo XV a la actualidad, el contexto histórico resulta revelador de la construcción del dualismo sexual. Nos interesa saber cómo la fascinación ante lo maravilloso, la mujer barbuda, se refleja a través de lo artístico.

Me ha resultado muy curiosa esta idea de la fascinación. Se podría hacer un recorrido de escenario en escenario en el que las mujeres barbudas supongan un hilo de sentido para todo el trazado del pensamiento occidental y al tirar de él, al tratar de recorrerlo, encontramos que el trazado propuesto hasta ahora no era sino una posibilidad más entre otras que precisamente ha rescatado del olvido de manera prioritaria y sistemática a algunos cuerpos que podríamos sintetizar en esa idea de un sujeto occidental hegemónico que no es nada abstracto y que siempre es un hombre y siempre cuenta con una serie de características. Esa fascinación por estas mujeres es un elemento que ha permitido rescatar más documentación a través de las imágenes, las postales, la publicidad, los carteles…, porque las historias de los sujetos no hegemónicos siempre resultan más difíciles de rastrear.

 

En esa línea, nos preguntamos cómo explicar la  llamativa y persistente presencia de las mujeres barbudas sometidas a regímenes de exhibición diversos, pero moldeados a partir de conceptos como “curiosidad de la naturaleza”, en diferentes espacios, bajo relaciones de patronazgo diversas y con públicos muy variados, desde los cortesanos y aristócratas de los primeros gabinetes a los públicos populares de los circos ambulantes.

Hay una suerte de “cierre” de la interpretación, de búsqueda de un sentido concreto en algunos de los regímenes de exhibición, fundamentalmente a partir de un cierto momento. La exhibición de los cuerpos es una constante puesto que nos sometemos en cada momento a una interpelación por parte de nuestro contexto que regula la norma de género. Los cuerpos singulares confrontan esa norma de un modo contundente y ello supone un fuerte cuestionamiento para el que el escenario constituye en cierto modo un elemento “paliativo”, en el sentido de que se intenta de algún modo que el elemento discordante con lo normativo se comprenda como extraordinario y produzca más fascinación que quiebra. Un momento de inflexión en este aspecto será aquel en el que por ejemplo Jennifer Miller sea quien proponga cuál será el régimen de exhibición en el que se verá su cuerpo, porque la posibilidad de mirar cambia de un modo constitutivo.

 

La intersección de las fuentes literarias y de las representaciones pictóricas es una constante en tu búsqueda de inscripciones, rastros y testimonios de mujeres barbudas en época moderna. ¿Cómo debemos entender ambas formas de expresión en la construcción de las fronteras entre la normalidad y el extrañamiento? ¿Se trata siempre de discursos indirectos, apenas existe el relato personal de la mujer barbuda?

Considero que esto estaría en línea con la respuesta anterior, hay una potencia fundamental implícita en el poder decirse a una misma, en el hecho de que sean tus propias palabras aquellas que verbalicen tu vida a través de distintos medios. He encontrado pocas ocasiones en las que rescatar textos cuya autoría pueda atribuirse a las propias mujeres barbudas hasta la contemporaneidad con Vivian Wheeler o Jennifer Miller, exceptuando a Za Za Frazee, Josephine Clofullia o Percilla Bejano. 

Pero siempre hay un “decirse” de algún modo implícito en la aparición del cuerpo ante la mirada y es necesario recuperar esa idea, comprender al cuerpo como un discurso complejo que supone una narratividad del yo.

 

Buena parte de las mujeres barbudas que nos presenta tu libro proceden del ‘largo’ siglo XIX, epóca de cambios profundos en la sociedad occidental. Uno de ellos, la aparición del ocio y la espectacularización de la vida cotidiana. Todas aquellas mujeres fueron objeto de exhibición y de negocio y se sometieron a la mirada masculina, pero nos parece relevante la incorporación masiva de mujeres en espectáculos populares en este período. ¿Qué papel jugaron como objetos de consumo en la construcción de unos roles de género, de unos cánones de feminidad y de belleza, y de un conocimiento normativo?

En realidad he ido recogiendo documentación acerca de las vidas de las mujeres que trabajaron en el mundo del espectáculo y también de aquellas de las que se conservan testimonios, seguro que no son todas ellas. En cualquier caso entiendo que hay cuerpos que se constituyen como un “afuera” del canon, justo como lo que constituye el exterior de la norma de belleza, como “lo otro” que se desea que indique precisamente lo que pretende la propia norma.

Pero no siempre es posible, en ocasiones sucede que, como Annalisa Hackleman, la mujer barbuda se sitúa en el otro lado de la cámara y toma otras decisiones acerca de lo que significa el canon de belleza y en ese momento es capaz de producir nueva norma y de resignificar esas nociones.

 

Otro aspecto fundamental en este período es la irrupción y uso de la fotografía. ¿Cómo se manifestó la anomalía de la mujer barbuda a partir de su condición de celebridad pública debido a la circulación de retratos que las llevaron a rebasar el escenario circense para entrar en el imaginario colectivo? ¿Se produjeron transgresiones de códigos que definían el cuerpo, el género y la sexualidad? ¿Cómo se negoció la desviación de los códigos de feminidad normativos?

Esta pregunta no la entiendo muy bien. En realidad no hay una anomalía, hay una circunstancia corporal singular presente en muchas personas que han sido asignadas al ámbito de lo que de un modo hegemónico se considera una mujer. Se entra en un imaginario colectivo que comprende lo circense o lo espectacular como un elemento separado de la realidad y que quiere circunscribir algunos cuerpos al ámbito de lo anómalo, precisamente para reiterar la idea de que hay algún tipo de naturalidad en la norma. Pero la norma es una imposición artificiosa en los cuerpos y la fotografía no solo sería un elemento testimonial sino productivo de realidad. Y ello supone que cada fotografía puede constituir una repetición distinta de lo que significan las nociones convencionales de lo que pueda ser una mujer y, por tanto, una oportunidad de fisurar los códigos normativos.

 

En este período también se asiste a la construcción de la objetividad y del profesional experto, del médico capaz de afirmar la sexualidad.  La mirada médica se identifica con la masculinidad y ese ojo clínico se fija en el cuerpo entendido como espacio de identidad. En el libro se descubren informes periciales, autopsias, fotografías… ¿Cómo se enuncia y se describe en el cuerpo de la mujer barbuda lo normal y lo patológico en el discurso médico?

En el proceso de acercamiento que he venido realizando se puede ir recogiendo información acerca de ese “constructo” que venimos denominando la objetividad. Los informes médicos que se van publicando durante un tiempo son informes difusos donde se reúnen descripciones de diversa índole que, desde mi punto de vista, evidencian en muchas ocasiones la idea butleriana de que es el dispositivo de género el que se cierne sobre lo corporal para producir su naturalización. La descripción abarca cuestiones observadas en los cuerpos y también elementos que guardan relación con el tamaño de distintas partes, como las manos o las piernas, aludiendo en distintas ocasiones a si son femeninas o no, los gustos, la manera de andar, la voz al cantar o la posibilidad de cuidar de forma adecuada de su descendencia.

 

En la parte final del libro aparecen las mujeres barbudas de nuestra contemporaneidad. En el poder de la barba, Jennifer Miller parecería un ejemplo clave de la idea de experiencia vivida, por una parte, y del acto de forzar a ser mirada, por otra, como mecanismos que articulan pensamiento y que confrontan lo hegemónico. ¿Podemos plantear esas opciones personales de vida como formas de resistencia? ¿Nos hallamos ante la consolidación de un “giro corporal” en la sociedad occidental marcado por el feminismo y la teoría queer?

Por supuesto podríamos plantearlas como formas de resistencia y eso ya sería una reivindicación muy interesante, pero además pueden comprenderse como formas de producción, una producción en positivo de posibilidades de vida para todos los cuerpos, incluidos aquellos que albergan el deseo y la ficción de pertenecer a la norma porque representan su performatividad de género de un modo menos disidente.

En este sentido nos encontramos ante la idea de que los cuerpos producen oportunidades para el conocimiento que son distintas a las que se pueden producir desde otros ámbitos. En su performatividad en todos los contextos la aparición de distintos cuerpos nos permite vulnerarnos, comprender la vulnerabilidad de las categorías que nos constituyen, de nuestras certezas y de nuestras vidas.

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Una de les fotografías de Annie Jones (1865-1902), realizada por Charles Eisenmann, como material de venta para el público de los espectáculos de P. T. Barnum.

Imágenes de una Exposición. Filipinas en el Parque de El Retiro, en 1887.

Exposición temporal, Museo Nacional de Antropología, Madrid. 30 de junio – 15 de octubre 2017.

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Ésta es una exposición sobre una exposición. En 1887 tuvo lugar la Exposición General de Filipinas en el Parque de El Retiro, en Madrid: una muestra de objetos, fotografías y personas traídas desde la isla para presentar, en un espíritu de positivismo y exhaustividad, “todos” los aspectos de esta colonia española.

El Museo Nacional de Antropología aprovecha que se cumplen 130 años desde la exposición de Filipinas para reflexionar sobre ella, e invita al público a compartir esta reflexión. Los comisarios evitan cuidadosamente la palabra “aniversario,” pues explican que su objetivo es el de “recordar” y no el de “conmemorar” la exposición original; algo que consiguen con una sensibilidad y claridad admirable dado lo complicado del tema. Para ello cuentan con el asesoramiento científico de Luis Ángel Sánchez Gómez, autor de Un imperio en la vitrina: El colonialismo español en el Pacífico y la exposición de Filipinas de 1887 (CSIC, 2003). Los que estudiamos los regímenes de exposición, y la presentación científica (o pseudocientífica) del cuerpo humano en un contexto urbano, hallaremos muchísimas razones para visitar la exposición. Pero mirando más allá, el objetivo revisionista que plantean los organizadores es muy necesario. No debemos engañarnos. Hace tan solo un mes acompañé a un grupo de niños en una visita a un museo nacional. Me quedé boquiabierta al escuchar cómo el guía que nos asignó el museo les contó a los chicos, delante de un cuadro del XIX que representa el “descubrimiento” de América, la “anécdota divertida” de Cristóbal Colón y los caníbales.

La presente exposición no tiene nada que ver con la nueva tendencia de “re-crear” exposiciones históricas, y todo que ver con fomentar un espíritu crítico sobre cómo se ha construido una historia nacional y colonial. El discurso se desarrolla en torno a un conjunto de fotografías rescatadas del archivo del propio museo, y es un ejemplo de lo que un museo puede conseguir cuando, aun con recursos económicos limitados, saca el máximo partido de sus propios fondos.

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No se podría haber elegido un lugar más apropiado para esta muestra. Se ha colocado en el espacio central del museo, y éste está rodeado de las salas dedicadas a Filipinas, donde se exponen de forma permanente una selección de los objetos que proceden, precisamente, de la exposición de 1887. De este modo, la presente muestra proporciona el marco histórico de esta sección de la colección permanente. Además, dialoga con ella, ya que algunas de las fotografías que documentaron la exposición de 1887 se han colocado al lado de los objetos que figuran en ellas, invitándonos a contrastar las formas actuales y antiguas de exhibirlos.

house pic

La presentación de la materialidad compleja de las fotografías está muy bien resulta. Por una parte, están las fotografías “documentales” que acabo de mencionar, que fueron tomadas principalmente por Laurent y Cia. Éstas muestran los exteriores de los pabellones; el interior de las salas de exposición; y – mucho más incómodas desde la perspectiva actual – las instalaciones recreadas para los filipinos indígenas que se trajeron a la exposición, como la atracción llamada “ranchería de los igorrotes.” Son imágenes que nos obligan a preguntarnos dónde está la línea entre la exposición etnográfica y el “zoo humano.” La fotografía titulada “Igorrotes, Tinguianes, Carolino y Negrito,” en la que posan representantes de estos grupos étnicos con sus respectivos trajes y armas, es un reflejo de la clasificación y tipificación racial que predominó en la exposición de 1887:

ranchería

Los paneles de texto nos invitan explícitamente a contrastar estas fotografías de finalidad “antropológico-científica” con un conjunto de retratos de estudio, tomados también en Madrid, en las que las mismas personas van vestidas a la europea. Es, efectivamente, una muestra clara de que las fotografías son – en palabras de los comisarios – “más una creación que un reflejo” de la realidad.

Además de las fotografías de la exposición de 1887, la muestra incluye fotografías que se expusieron en ella. Entre las imágenes enviadas desde diferentes localidades filipinas para este fin, llama la atención las fotografías de cráneos humanos enviados, nada menos, desde el “Gabinete Zoológico de Hipólito Fernández.”

skulls

Aunque la exposición de 1887 tuvo nueve secciones, cuyos títulos iban desde “Ejército e Institutos armados auxiliares de la Administración” hasta “flora y fauna,” la mirada de la exposición actual es, sobre todo, antropológica. En este sentido, os dejo con una de las imágenes más elocuentes de la muestra, una imagen que encierra una multiplicidad de miradas que pretenden ser científicas, y que hoy los comisarios nos animan a ver con otros ojos. Se trata de una fotografía “documental” de una vitrina antropológica en la exposición de 1887; una vitrina que contiene, por su parte, una serie de fotografías de clasificación racial que apoyaban al discurso colonial.

vitrina antropologia

Premio AMADES 2015 a la tesis doctoral de Celia Miralles

Celia Miralles Buil est lauréate du prix de thèse AMADES 2015

La tuberculose dans l’espace social barcelonais (1929-1936).
Thèse de doctorat d’histoire et d’urbanisme. Université Lyon 2 et Université Polytechnique de Catalogne, 2014, sous la direction de J-L Oyon & J-L Pinol.

Le jury du prix de thèse AMADES a sélectionné cette thèse qui propose une contribution majeure à l’analyse de gestion sociale, politique et urbaine d’une épidémie de tuberculose en Espagne au XXe siècle.
Cette thèse de 834 pages organisée en trois parties propose une lecture historique de la santé publique (1929-1936) qui analyse un contexte local urbain (barcelonais) face à la prévention et à la prise en charge d’une maladie (la tuberculose) encore non traitée par les antibiotiques et construite comme étant en lien avec la précarité et la misère. L’enquête est basée sur des sources d’archives primaires à caractère médical, démographique et territorial, dont les nombreuses données sont corrélées dans une perspective comparative jusque-là inédite.

L’histoire de la tuberculose est un classique de l’histoire de la médecine, notamment en Espagne, car l’un des problèmes de santé publique les plus importants (avec la mortalité infantile). Cette thèse s’inscrit dans cette tradition. Mais la nouveauté de cette thèse est qu’elle fait converger l’histoire de la tuberculose avec l’histoire urbaine. L’originalité repose ici sur l’articulation d’une approche historique classique avec une approche spatiale utilisant des outils informatiques de spatialisation de la géographie qui est jugée tout à fait nouvelle pour l’histoire de la tuberculose en Espagne. L’auteure fait preuve d’une grande capacité à mobiliser différents outils disciplinaires de l’histoire, la démographie et de la géographie sociale (archives, recensements, échelles spatiales, cartes) pour montrer le jeu d’échelles d’action prophylactique à l’oeuvre (cercles concentriques par exemple). De même, elle permet de mettre en dialogue des analyses issues de l’histoire de la médecine, de l’histoire urbaine locale et de l’histoire sociale de la tuberculose.
L’intérêt de cette thèse est de positionner « l’entité tuberculeuse » au coeur des différentes approches historiennes de la maladie dans l’espace barcelonais de l’entre-deux guerres, pour en montrer la construction sociale et politique et restituer aussi le sens donné par les différents acteurs qui ont participé à la définir. La perspective mobilisée n’est pas pour autant celle des représentations sociales.

En croisant des données d’archives incluant des discours de médecins et l’analyse de différentes informations consignées (dans des fonds et registres notamment) sur 5000 patients tuberculeux de différentes structures de soins gratuits, l’auteure propose une approche socio-spatiale innovante de cette maladie, ayant déjà fait l’objet de nombreuses études, qui permet de retracer des parcours de soins a posteriori. Elle relie cette « géographie du soin » (notamment basée sur l’usage de la cartographie), aux conditions de vie précaires de ces patients majoritairement jeunes ouvriers non qualifiés dont la migration est souvent récente, mais aussi à l’action collective et visible de lutte dont ce groupe de patients contagieux (qualifiés de « grands pauvres ») exclus et isolés parait avoir bénéficié (lutte médicale spatialisée, vs lutte spatiale médicalisée). En proposant de « faire entendre les voix » de ces patients invisibles, l’auteure cherche à restituer leur vécu de la maladie et leurs stratégies de recours ou de renoncement, comme à montrer le pluralisme des offres publiques et privées (philanthropiques) qu’ils rencontrent et qui les encadrent.
Cette thèse permet de mesurer l’impact des interrelations entre les mondes médicaux, politiques, philanthropiques et profanes qui ont été présentes en milieu urbain d’une province espagnole, dans l’entre-deux guerres, à travers l’analyse de la lutte contre la tuberculose, perçue comme une maladie sociale. Elle permet de montrer le net déplacement des préoccupations en santé publique de cette époque (lutte contre la maladie et sa diffusion, identification de ses facteurs aggravants) à celles d’aujourd’hui (accès aux soins et aux traitements) et l’intérêt de complexifier les analyses des maladies, notamment par des approches plus spatialisées. En s’attachant à retracer empiriquement les contours des pratiques de lutte, de soins mais aussi de recours des patients exclus et invisibles, dans une approche franco-espagnole transversale inédite, l’auteure soutient également que « la santé publique ne se vend pas, elle se défend ». Cette position épistémologique et éthique, ici mobilisée à l’issue d’une thèse d’histoire, correspond complètement aux préoccupations et orientations d’Amades.
Aujourd’hui post-doctorante à l’Université de Lyon, Célia Miralles Buil travaille sur l’histoire des risques environnementaux, technologiques et sanitaires dans le Nord-Est de l’agglomération lyonnaise des années 1960 à nos jours. Ses recherches s’intéressent à la construction du lien entre santé et milieu chez les acteurs de la santé et dans les projets d’aménagement urbain au XXe siècle, en France et dans la péninsule ibérique.

 

Información adicional sobre las publicaciones de Celia Miralles:

entpe.academia.edu/CeliaMirallesBuil

Sobre la Asociación “AMADES, Anthropologie médicales apliquée au développement et à la santé”:

http://amades.hypotheses.org/

https://amades.revues.org/

 

Industrial Heritage… Literary Technologies…  the Urban Struggle

In Barcelona, there is a long tradition of struggle for the urban space. During the transition, conflicts over the designation of urban resources were instrumentalized in overthrowing Franco’s political regime. The CEU (Centre d’Estudis Urbans) was established, in secret, in 1972 by members of the Bandera Roja and PSUC political parties in order to exacerbate the crisis of the Francoist state and its anti-democratic policies. A year previously, the founders of the CEU had been fired by the city government within 24 hours of publishing La Gran Barcelona, a Marxist critique of the urban policies of Barcelona’s mayor at the time, José María de Porcioles.

Marc Andreu, historian, journalist and long-time participating member of the FAVB, attributes the toppling of Porcioles’ political career to 4 factors, two of which are conflicts over urban planning in which the municipality was forced to back down: the Pla de la Ribera and the Pla Parcial de Nou Barris. A third factor he attributes to community backlash after several natural gas explosions killed 32 people in the early 70’s. Neighborhood associations were instrumentalized by pro-democratic communities who capitalized on the galvanizing effect of the tragedy in order to organize against the Francoist power structure. The fourth and final factor which, according to Andreu, brought down Porcioles, brings us to perhaps the central issue of all urban planning, the need for adequate housing. In the case of Barcelona, a massive influx of the population of the city had led to vast shortages of housing and social resources, the rapid growth of shantytowns popping up on the city’s periphery, and consequently to the organization of city-wide protests by the OSH (Obra Sindical del Hogar).


The confluence of particular urban, social, and political factors in the recent history of Barcelona has lent the city its distinctive character. As a foreigner living in the city for three years, I have experienced these particularities with all the enthusiasm and disenchantment that comes part and parcel with playing the role of “outside observer.” For example, I remember during my first year of living in Barcelona (on a narrow street of the old city, near the Palau de Musica) the many evenings that I would spend out on a terrace somewhere, Estrella Damm in hand, while Catalan colleagues hassled each other with political discussions. My Catalan that year was very bad. I understood almost nothing, but instead focused on the little beads of perspiration that collected on my beer bottle while I turned over in my mind the single words which managed to make their way through the language barrier and presented themselves to me like one-word riddles—words like: …hipsters… Japoneses… …hotel de lujo….

After three years of living here, numerous terraces, and countless bottles of Estrella Damm, I think I am getting closer to cracking the riddle. Here’s what I’ve got so far:

FARCELONA is a theme park of multi-nationalspeculativereal estate financiers exporting an inauthentic city brand for consumption by foreign gentrifiers and Irish spring-breakerswhile locals live in misery and must continually fight for basic public resources like adequate transportation, education and housing.

Of course, when write it, this phrase comes out overblown and unconvincing, but spoken by a local, preferably in Catalan, this discourse is not only totally sincere, it even sounds cool. In my assessment, this is because of Barcelona’s long tradition of what one might call “the urban struggle”. The centerpiece of this struggle, and the stage on which it is set, is the city street itself. Catalan children take to the streets like fish to water, almost before they can walk, waving banners, denouncing corruption and demanding public resources. I’ve never seen anything like it in my life, but maybe that’s partly because I’m from North Carolina where Marxism hasn’t been invented yet. Here, it seems to me, almost everyone has their hand in the Urban Struggle. It doesn’t matter who you are or what you do for a living. You could be an expert in the obscure field of, let’s say, the historical production and display of wax anatomical models, and even so you could find a way to relate this back to the Urban Struggle, be it even through the use of a vague metaphor like “Urban Anatomies”.

These wordplay techniques are nothing new in the field of History of Science. John Heilbron talks about them in an essay linked previously to this blog. It’s a fun read. In the following segment we find Heilbron bashing on Shapin and Schaffer’s constructivist program popularized through their award-winning book, Leviathan and the Air Pump:

Shapin and Schaffer understood that a special vocabulary, or, rather, the use of ordinary words in special ways by initiates, would help believers to recognize one another and to proselytize further. In addition to special usage of ordinary words, like authority, discourse, gesture, local, negotiation, space, and technology, they make extensive use of puns to veil meaning and affect profundity. “Body,” as in human, politic, and knowledge; “spirit,” as in soul, angels, ghosts, and alcohol; “power,” as in authority, prime mover, and affectations of matter, are manipulated to suggest connections never demonstrated and probably undemonstrable between knowledge, church, and state. Schaffer, who has been the cult leader through his extensive and brilliant if far-fetched articles and his teaching at Cambridge, has added an apocalyptic style to the “literary technology” of constructivism.

To be clear, I’m not criticizing these metaphors/puns/“literary technologies” but rather I am standing on the sidelines in “outside observer” mode and admiring this case of literary tech in action. Just like with puns, some people just have the gift, and others don’t. But Barcelonians, I can’t help but notice, are absolute naturals. It’s practically tradition here: loading words with vibrant meaning, arming them on banners and in slogans, and launching them against political enemies. And of course Barcelonians are good at it—it’s the basic weapon of the Urban Struggle. Guiri go home! It’s so fun to say that I can’t help but join in the chant as I march down the Passeig de Gracia with an anarchist group protesting a recent eviction. The anarchists have done such a good job with this slogan you might not even notice their brilliance. Everyone knows what a guiri is. He can either be a ridiculous figure to be laughed at as the punchline of a joke, or he can take on his more sinister form as a sort of urban boogeyman, the nemesis of the authentic Barcelona de tota la vida.

So….” I find myself asking, “What do guiris have to do with the eviction that the anarchists are protesting?” But if I’m asking this question it’s only because I’m not from around here and I don’t fully understand the power of this literary technology.


Academics don’t just study literary strategy, they use it. I’d like to conclude this article with some more examples of literary technologies taken from my investigation of the musealization of Barcelona’s industrial past. Essentially, the goal of my research is to find out which groups have shown interest in telling stories about Barcelona’s industrial past, what stories they have told, and what story-telling techniques they have used. This is a topic I first became aware of while working in the neighborhood of Poblenou. The discourse I remember hearing at the time went something like this:

Poblenou, the Manchester Catalan, is a symbol of the competitiveness of the Catalan industrial revolution and its historical importance for the nation and in shaping the identity of the neighborhood and its residents. This invaluable industrial heritage is at risk of destruction by speculative public-private initiatives which target foreign investment while sacrificing authentic, local character as part a political strategy of selective amnesia.

There is an arsenal of keywords here, loaded with meaning and ready to launch, like one-word grenades, at the opposition to the Urban Struggle. Imagine you are an urban planner tasked with the job of creating an “Olimpic Village” in preparation for the 1992 games. You have a limited budget and an inflexible deadline. Your construction site is just past the Ciutadella Park in what might be described as a post-industrial wasteland. Now somebody comes along and drops a grenade on you: “you can’t build here, this is industrial heritage. Those words can turn your job into a nightmare.

If these “word grenades” are effective, it’s partly because of how they simplify the issues in order to instrumentalize them for social movements. If the concept of “industrial heritage” has been useful for militants of the Urban Struggle in Barcelona, it is no coincidence. The first factory to be granted legal heritage status here was the Vapor Vell of Sants in 1985. This conservation victory was won through sustained pressuring from neighborhood associations in Sants with the express purpose of municipalizing the building as a public resource for the community. The factory is now a public library.

But Barcelona’s industrial past is not just a strategic resource for leftist activists. Other groups have laid claims on the city’s industrial legacy, and they have done so for various reasons and through various means. I’d like to end this piece with a few examples taken from my case study of the Vapor Vell. To my eyes, these are beautiful, cutting-edge works of artisanal, Barcelonese literary tech:


 

 

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This map of Sants (circa 1984) presents a reality in which industrial sites “pop”. They are identified and invested with interest and value.

Maps/Urban Plans: Maps don’t just represent reality, they create a new reality on the page. A map is often the first step in an urban planning project, a first iteration in the materialization of an idea. A city map presents a particular value discourse which emerges from its basic vocabulary: the demarcation of territories, buildings, infrastructure, and natural elements.

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This itinerary gives practical information such as the closest metro and bus stops–bridging the gap between the historical object and the present city.

Itineraries: An itinerary is a great example of a word I normally have trouble defining: musealization. Here, the city itself becomes an open air museum and the object of our expository gaze. The object of an itinerary is typically something visible from the public space. This visual value discourse is supplemented with educational information which can be historical, anecdotal, or statistical in the “fun-fact” sense.

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This curriculum poster was developed by the Grup de Didactica (UB) as a proposal for how teachers could apply industrial archeology towards a range of disciplines: Experimental Science, Technology, and Social Sciences.

Didactic Materials: The industrial heritage movement arrived in Spain during pedagogical reforms which sought to establish a national curriculum. This curriculum incorporated local and regional history, culture, and most importantly, language. Industrial archeology was envisioned as an interdisciplinary opportunity to bridge the “two cultures” of science and humanities.

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This hand drawn cross-section of the Vapor Vell presents an artists’ vision of how the factory may have functioned over 100 years ago.

Cross Sections: This technique of pedagogical illustration opens the object up for exposition. Here, we can observe the processes that make something work. This object could be a machine, or a machine-like factory, or even a machine-like human body. A cross-section is the product of the technical discourse and means of valuing an object.

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This is an example of a paper cut-out model of the Vapor Vell designed for classroom use and included in the pedagogical materials for the Vapor Vell.

3D Models: These models serve a similar function as cross-sectional drawings, allowing the observer to see inside. They focus our attention on the technical and aesthetic aspects of an object, its form and function.

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This study was published in 1988 by the Grup de Arqueologia Industrial “El Vapor”.

Academic Studies: These studies establish the historicity and character of the object in question, often contributing visibility and adding value. For these studies to be legitimate they must be conducted by recognized experts, a circumstance which in the 1980’s prompted the birth of a new discipline and class of amateurs-turned-experts in Spain: Industrial Archeologists.

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This public exposition to “Recover the entire Vapor Vell” was organized by the Centre Social de Sants and set up in the central neighborhood plaza in 1986.

Public Exposition: The objective of this collection of strategies, the legacy of 20th-century grassroots social movements, is mass communication, education, and organization. Slogans and iconography are developed to unify and mobilize constituents around a shared concern. With regards to heritage conservation, these movements have been, in practice, reactive.

vapor vell

This photograph of the Vapor Vell was part of the Ciutat i Fabrica exposition (circa 1999), with the goal of raising awareness of Barcelona’s at-risk industrial heritage. 

Photography: Photography has been key in establishing the value of industrial objects in Catalunya. The photographic value discourse is a purely visual one, and tends to favor the aesthetic over the ugly, the unique over the normal. Architecturally interesting modernist factories have traditionally benefited much more from this technique. 

Vapor Vell Expedient Declaracio BCIN-page-004

 

Official Heritage Lists: Industrial heritage remains an unrecognized heritage category in Spain. Currently, industrial sites are listed under the category of Patrimonio Historico-Artistico, a designation which has made inclusion difficult. In practice, heritage status for industrial sites is granted based on architectural merit, or as a response to public demands. The gap between official protection and actual preservation remains a topic of debate. 

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A protest campout at the Vapor Vell in 1985, claiming the property as a public resource. 

Protest Songs: Perhaps the most ancient and effective literary technology, songwriting is a strong and deeply-felt Catalan tradition. The lyrics that follow are taken from the song, written by Francesc Mir, “We Want the Vapor Vell.”

 

AQUEST ÈS L’HIMNE 
DEL VAPOR VELL 

VOLEM EL VAPOR VELL 

«Galileu, Valladolid», passejant una amic em deia: 
Sembla que senyali el cel, aquesta esvelta xemeneia. 
El vaig desenganyar, ell no sabia que perillava. 

I per poder-la conservar vam començar a cantar: 

Pensem deixar la pell, lluitant pel VAPOR VELL 
Cauran ben de clatell si ens obren JOAN GÜELL 
Si ens obren JOAN GÜELL cauran ben de clatell. 
Pensem deixar la pell, lluitant pel VAPOR VELL 

Nois que aquest barri ja està prou esquarterat, 
amb vies de tren i avingudes de gran pas. 

No n’han fet prou de desgràcies que volen continuar, 
ara han d’obrir un gran carrer que tot ho assolarà, 
ens trencarà moltes cases, s’endurà el VAPOR VELL 
de tot això, que en diria el senyor JOAN GÜELL? 

I a la història constarà, que la gent de Sants 
cridàvem!! del més gran al més cadell... 


Francesc Mir 

Ciencia y fotografía en Barcelona: la mirada de Emili Godes

Noticia redactada a partir de la conferencia de Laia Foix, “La ciència a través de la càmera d’Emili Godes (1895-1970)”, 06/04/2017, SCHCT-IEC, Barcelona, en el marco del ciclo Ciència i Fotografia coordinat per Ramon Barnadas.

 

La obra del fotógrafo Emili Godes (Barcelona, 1895-1970) no es desconocida ni para la historia de la fotografía ni para la historia del arte. Sin embargo, su obra apenas ha sido considerada desde la historia de la ciencia. De hecho, la historia de la ciencia todavía no ha emprendido el camino de un estudio, reflexivo y contextualizado, de la fotografía y la cinematografía producidas en Catalunya. Disponemos de gran cantidad de información y de algunos excelentes estudios, en buena medida procedentes de la historia de la fotografía –los trabajos de José Manuel Torres, La retina del sabio; los recientes de Salvador Tió sobre Innocent Paulí i Jaume Ferran-, que merecen ser considerados a la luz de los resultados y de las preguntas formuladas por la historia de la ciencia en las últimas décadas. El caso del fotógrafo Godes y su obra permiten señalar la persistencia de las sombras en la redacción de esta historia.

De Emili Godes sabemos mucho y a la vez se presenta como un profesional invisible. Nos vamos a ir explicando a partir de la conferencia que recién nos acaba de ofrecer Laia Foix. Cabe recordar que la ponente es la coordinadora del Departament de Documentació i Investigació de l’Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya (www.iefc.cat), lugar donde la familia Godes ha donado más de mil imágenes, colaborando de manera activa en su catalogación. De hecho, a partir de aquel acto de generosidad y de reconocimiento –un hecho, el de la constitución del patrimonio científico-técnico, poco valorado y menos aún fomentado en el ámbito cultural de  Catalunya… en una demostración de mediocridad intelectual que sigue justificando la existencia de dos culturas o derivadas banales semejantes-, Laia Foix se ha entregado al estudio de esa colección. Fruto de cuyo trabajo fue la redacción de la memoria “Modernidad y vanguardias fotográficas en la obra de Emili Godes”  de fin del Postgrado  de “Gestión, preservación y difusión de archivos fotográficos” de la ESAGED-UAB en 2014: (www.iefc.cat/pdf/Modernidad-y-vanguardias-Emili-Godes-tfp-LaiaFoix.pdf).

Llama poderosamente la atención que la fotografía de Godes es conocida por lo que se recuerda y en parte se preserva en diversas instituciones emblemáticas, aquellas que le han dado una categoría artística y calidad técnica. Desde la òptica del artista, esa canonización puede proceder de los trabajos exhibidos por el fotógrafo: el reportaje sobre la ciudad de Córdoba exhibido e impreso en postales en los años 1920,  el de seguimiento de las obras en Montjuïc para la exposición de 1929, la exposición de fotomacrografía de vegetales e insectos en la exposición de 1944. Buena parte de estos materiales se hallan  entre las colecciones del MNAC (Museu Nacional d’Art de Catalunya), del AFB (Arxiu Fotogràfic de Barcelona) y  también en los fondos del Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya. Fueron estos mismos documentos objeto de exposiciones diversas en las décadas de 1980, 1990 y 2000. Esto se tradujo, de manera paralela, en la publicación de trabajos por parte de fotógrafos e historiadores de la fotografía o del arte, en algunos casos como comisarios de exposiciones. Desde los años 1980, en estos estudios se ha acuñado la condición de Emili Godes como máximo representante en Catalunya de la Nueva Objetividad. Esto es, del movimiento artístico nacido en la Alemania de los años 1920 como reacción al expresionismo, conocido con el complejo término de Neue Sachlichkeit. Más allá del acierto de esta interpretación, el mismo Godes reivindicaría en los años 1950 la intencionalidad artística de sus “microfotografías” con lo que se hacía en la Francia y Alemania de entreguerras. Se ha puesto de manifiesto que Godes no llega a esta manera de entender la fotografía por un camino intelectual teórico, académico, sino a partir de la práctica, de su talento y habilidad técnica y de su voluntad artística. Godes se forma como fotógrafo mediante el ejercicio laboral de los oficios de la fotografía. En Barcelona y desde los 14 años, primero en la casa Riba, comerciales de la fotografía, editores de la revista Radium, a la vez catálogo publicitario, boletín de consejos técnicos y de artículos traducidos de la prensa especializada extranjera. Y desde 1916 en la Casa Cuyàs, como jefe de laboratorio, hasta 1928, cuando se establece como fotógrafo profesional independiente. Trabaja solo, revela en el laboratorio de su domicilio y se gana la vida, sobre todo, por los encargos. Un técnico excelente, opera sin fotómetro, hábil con los alargadores y la óptica en los trabajos de aproximación, cultiva la foto fija. Su talento técnico y su mirada artística se extienden y le consolidan como profesional en la década de 1920. A partir de entonces, desde los años 1930 abre su abanico profesional: artistas de diferentes especialidades y galeristas le solicitan la reproducción de diferentes obras; la Escola Superior d’Agricultura le convierte en director de fotografía de su revista; colabora en el mapa geológico de España, realiza encargos de entomología para la Universidad de Barcelona y colabora más adelante con el Instituto de Investigaciones Pesqueras. A la vez, Godes atiende encargos comerciales y publicitarios de diferentes empresas. Forma parte del Comissariat de Propaganda de la Generalitat de Catalunya durante la guerra. Laia Foix señala que buena parte de esta obra no está firmada o bien la autoría es parcial: la mano invisible del técnico emerge. Artistas y científicos necesitan visibilizar y representar ciertos objetos, recurren a la habilidad técnica del fotógrafo Godes, pero la mise en scène desaparece, como la autoría, a favor del resultado final: la construcción de un nuevo objeto de comunicación. La representación visual viene cargada de conocimiento, pero el proceso de ejecución de éste entra en la penumbra.

Tras la guerra, Laia Foix pone el acento en la enorme actividad que Godes lleva a cabo a partir de los numerosos encargos que recibe desde el mundo de la ciencia. Y también del ámbito empresarial. No podemos citarlos todos, pero vale la pena recordar alguno de estos casos con el fin de mostrar diferentes actitudes respecto a la fabricación del patrimonio, y una vez consolidado ese concepto, a su preservación y fomento. Catalana de Gas y Electricidad solicita un encargo que se enmarca, tal vez como el de los comerciantes de la Avenida de la Luz de Barcelona o el de la empresa de bombillas Osram, en la ciudad como motivo fotográfico, en la noche urbana y en sus espacios públicos y domésticos, en sus objetos, en los contrastes de luces y sombras. Parte de ese material se halla en el Museu del Gas, en Sabadell, en un ejercicio de compromiso y reconocimiento por la salvaguarda y la comprensión de ese patrimonio. En contraste, cabe destacar el encargo realizado por los Laboratorios Esteve, recién ubicados en los años 1940 en el Guinardó, cerca del Institut Ravetllat-Pla, dedicado a la elaboración de productos antituberculosos, todo ello a dos pasos del Hospital de San Pablo, entonces en plena expansión. Un patrimonio desconocido para dicha empresa farmacéutica, que todavía no se ha interesado por la posibilidad de recuperar ese pasado (una realidad que contrasta con lo que han hecho en este asunto dos empresas del ramo: el museo de la multinacional Grifols y el archivo gráfico de Uriach). Los negativos conservados se hallan en el fondo familiar donado al Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya. Se trata de un conjunto que supera un simple catálogo empresarial: es una apuesta icónica por la modernidad a partir de la demostración de estar al día técnicamente, de la capacidad científica que confiere autoridad en la materia. En los restos del naufragio se muestran edificios, espacios de ciencia, expertos en acción, instrumentos y maquinarias de gran complejidad, ininteligibles, procesos de laboratorio y de fabricación. Y, finalmente, productos farmacéuticos, explicados y utilizados para comunicar ciencia, mediante el concurso de imágenes y textos que surgen de una puesta en escena muy elaborada, nada azarosa. Sobre todo ello ya hablamos en el texto Publicitat i Medicina (Barcelona, COMB, 2010).

La intervención de Laia Foix ha puesto de manifiesto la existencia de gran cantidad de fotografías realizadas a partir de los encargos de científicos. Es un material de difícil identificación y catalogación. Cabría hacer una investigación meticulosa en las publicaciones de los nombres de científicos y de médicos que la familia recuerda para comparar y fijar correspondencias. De nuevo, la invisibilidad del técnico se hace realidad. Como aquellos artistas que necesitaban dar a conocer sus obras a partir de la mirada experta, del técnico  y del artista, del fotógrafo Godes, los hombres de ciencia recurrieron a dichas habilidades para crear objetos científicos, instrumentos de comunicación cargados de conocimiento. Por una parte, García de Cid permite consolidar una red de contactos y encargos solicitados por Font i Quer, Margalef, Carl Faust o Santiago Alcobé. Se pone de manifiesto en los trabajos de Godes esa “nueva objetividad” gracias a su mirada macrofotográfica a la naturaleza. Por otra parte, la necesidad de explicar ciencia mediante la creación de conocimiento comunicable lleva a un buen número de médicos a recurrir a Godes. Es un momento de consolidación de ciertas especialidades: ¿por qué José Miguel Martínez, considerado uno de los padres de la anestesiología, encarga fotografías de determinados instrumentos y productos de la especialidad? ¿Con qué fin necesita el cirujano plástico J. Muntané mostrar las bondades del uso de un dermatomo? Vale la pena recordar los elementos comunes que esto tiene con el estudio sobre la iconografía ginecológica elaborada por M.A. Fargas en la Barcelona de 1910, según ha mostrado la investigación de Sara Fajula. Son también los años de Godes como realizador cinematográfico. Había ejecutado algún cortometraje de ficción y también cine documental científico, como el galardonado (1948) y por ahora desaparecido “La rata al servicio de la humanidad”, junto a García del Cid. La conferencia de Laia Foix lleva a plantearse preguntas: además de vecinos, ¿qué relación profesional tuvo Godes con Ramón de Baños, pionero del cine médico en Barcelona, autor de trabajos sobre la empresa científica de Barraquer, Cardenal, Ferran, Corachan? De igual manera, ¿por qué Pere Gabarró recurrió a la habilidad fotográfica de Godes para mostrar la magia de la cirugía plástica mediante la imagen animada? Todo ello adquiere profundidad en la relación profesional entre Godes y el urólogo Antoni Puigvert, tal y como apunta Laia Foix. Sin embargo, se trata de un fondo pendiente de una exploración sistemática y también de una apuesta institucional por la recuperación de ese patrimonio. De nuevo emerge la preocupación sobre el patrimonio científico. Estamos lejos de la sensibilidad y conciencia de lo que se hace en otros países. Y no pensamos sólo en términos de conservación y difusión, sino de concienciación profesional e institucional por parte de los generadores de conocimiento científicos y de comunicación y enseñanza de ciencia a partir del mismo tanto en las aulas como en los museos. Un material que tal vez debería ser objeto de interés frecuentado con la misma asiduidad que las fuentes textuales por parte de los historiadores de la ciencia.

PEEP SHOW Sobre el exhibicionismo en el espacio público

El peep-show, ese espectáculo al alcance del adulto, de manera predominante hombre, al que se accede a través de una rendija, tal vez metafórica, forma parte de los objetos de estudio de Anatomías Urbanas. Como en el PEEP-SHOW, nos interesa lo que se mira, dónde se mira y quién lo mira. En el proyecto curatorial de Jordi Pallarés, que tiene lugar durante este mes de abril de 2017, en el Arts Santa Mònica y en la ciudad de Barcelona, estas ideas toman cuerpo en un centro que experimenta con el lenguaje artístico y que pone en jaque la normalidad, que se arriesga en el territorio de la duda.

La correspondencia entre el PEEP-SHOWde l’Arts Santa Mònica y las colecciones anatómicas que circularon por la ciudad de Barcelona –también por toda Europa y América- desde finales del siglo XVIII hasta bien entrado el siglo XX es evidente. También todo el programa intelectual, conceptual, metodológico que hay tras ambos proyectos. En los museos anatómicos, ante los cuerpos desnudos, a veces maltratados por la enfermedad, ante la belleza sensual de las jóvenes “venus anatómicas”, compartimos las preguntas de Debord sobre cómo se gestiona el rol de cada uno de nosotros en cada momento, qué significado tienen las miradas, cómo nos construimos en el espacio y en el momento de mirar. En aquellos espacios, generadores de una prácticas culturales, negligidas por la historia, tal vez subversivas, se anticipa la contemporaneidad. Entonces, como ahora, resulta díficil intentar registrar aquellas miradas públicas, acercarse a aquel juego de espejos y entender su resultado que no es sino la percepción obtenida. Las fuentes escasean y cuando se encuentran hay que ver el régimen moral que se halla tras las construcciones verbales.

El día que consigamos que regrese la colección de lo que fue el Museo Roca –en ello estamos- y podamos poner en contexto en aquella Barcelona de los años 1920 y 1930 la cultura material de los museos anatómicos, el espectáculo del PEEP-SHOW, deberemos de contar con colegas como Jordi Pallarés u Óscar Guayabero –con quien ya trabajamos en la exposición TRAÇ  El dibujo como herramienta de conocimiento– y con espacios como el Arts Santa Mònica. Trabajamos para que sea pronto, mientras tanto no os perdáis las residencias de los putos artistas que colaboran en el PEEP-SHOW.ps_peepshow-1240x360

Anatomy’s photography, conferència de Michael Sappol

Cicle de col·loquis de la SCHCT (2016-17)

Objectes Perduts:
explicar i exposar ciència a museus i altres llocs públics

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“Anatomy’s photography: objectivity, showmanship and the reinvention of the anatomical image, 1860-1950”

a càrrec de Michael Sappol
(Swedish Collegium for Advanced Study, Uppsala, Sweden)

Dijous, 23 de març de 2017, a les 19.00 h

a l’Institut d’Estudis Catalans,
(carrer del Carme, 47, Barcelona)

 

La SCHCT ofereix una nova edició del cicle de col·loquis dedicats a reflexionar sobre el patrimoni científic, els significats de la materialitat i el potencial evocador i explicatius de la cultura material de la ciència. En aquesta edició fixem la mirada en la creació d’objectes científics i en els seus règims d’exhibició: qui i com els crea, quins usos tenen, com circulen i, aleshores, com es transformen i creen nous significats per part de nous públics.

El cicle planteja enguany tres presentacions centrades en el procés de comprensió del patrimoni i en la seva posada en escena: els models anatòmics revisitats des de la història de l’art, els estudis literaris, la història de les emocions i l’art contemporani; les exhibicions d’éssers humans en el context de les exposicions al món occidental del trànsit al segle XX; i la reinvenció de les representacions anatòmiques a partir dels nous usos fotogràfics.

La tercera sessió, a càrrec de Michael Sappol, planteja una recerca sobre un àmbit negligit en la història de la fotografia mèdica: la fotografia en l’anatomia. La fotografia va tenir una recepció i un impuls decisiu pels metges des de mitjan segle XIX. Van contribuir a la pretesa forja de la modernitat, de l’objectivitat científica, a partir de la creació d’objectes de ciència lliures d’intermediació humana. Però les coses sembla que foren prou diferents per part dels anatomistes, que no s’interessaren per la fotografia fins els anys 1900 i a més van intervenir de manera decisiva en la construcció dels seus objectes. No només van treballar la mise-en-scène, sinó també les mateixes fotografies. La conferència es planteja així el debat sobre la condició epistemològica, el poder retòric i les implicacions morals de les imatges fotogràfiques.

Michael Sappol Historiador a la History of Medicine Division de la National Library of Medicine, on forma part del projecte Medical Movies on the Web i, des de fa poc més d’un any, Fellow del Swedish Collegium for Advanced Study a Uppsala. Es va doctorar en Història a Colúmbia el 1997. El seu treball s’ha centrat en la història cultural del cos, la història de les representacions mèdiques i anatòmiques i del cos, la història de pràctiques mèdiques alternatives i populars i la història del cinema mèdic. Ha comissariat l’exposició Dream Anatomy (2003) sobre la història de la il·lustració anatòmica i l’exposició Visible Proofs (2006) sobre la història de la medicina forense i, amb Paul Theerman, Rewriting the Book of Nature; Charles Darwin and the rise of Evolutionary Theory (2009). Autor de nombroses publicacions, entre d’altres llibres: A Traffic of Dead Bodies, Anatomical Dissection and Embodied Social Identity in 19th-century America (2002); editor també de llibres, amb Stephen Rice, A cultural history of the human body in the age of Empire, 1800-1920 (2010) o més recentment de Hidden Treasure (2012). Acaba d’aparèixer el seu darrer llibre Body Modern: Fritz Kahn, Scientific Illustration and the Homuncular Subject (2017). Treballa ara en fotografia anatòmica i en anatomies “queer” en un projecte anomenat: “Queer anatomies: Perverse desire, medical illustration and the epistemology of the anatomical closet”.

Crèdits il·lustració-fotografia: Marinelli the Anatomical Puzzle (Boston, Forbes Co., 1886) National Library of Medicine.

Publicacions de Michael Sappol

 

Exhibicions etnològiques vives, col·loqui amb LA Sánchez Gómez

Cicle de col·loquis de la SCHCT (2016-17)
Objectes Perduts:
explicar i exposar ciència a museus i altres llocs públics

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Exhibiciones etnológicas vivas.

Presentación de pueblos exóticos en exposiciones

universales, coloniales, misionales y comerciales españolas.

a càrrec de Luis Ángel Sánchez Gómez
(Universidad Complutense de Madrid)

Dijous, 23 de febrer de 2017, a les 18.00 h

a l’Institut d’Estudis Catalans,
(carrer del Carme, 47, Barcelona)

La SCHCT ofereix una nova edició del cicle de col·loquis dedicats a reflexionar sobre el patrimoni científic, els significats de la materialitat i el potencial evocador i explicatius de la cultura material de la ciència. En aquesta edició fixem la mirada en la creació d’objectes científics i en els seus règims d’exhibició: qui i com els crea, quins usos tenen, com circulen i, aleshores, com es transformen i creen nous significats per part de nous públics.

El cicle planteja enguany tres presentacions centrades en el procés de comprensió del patrimoni i en la seva posada en escena: els models anatòmics revisitats des de la història de l’art, els estudis literaris, la història de les emocions i l’art contemporani; les exhibicions d’éssers humans en el context de les exposicions al món occidental del trànsit al segle XX; i la reinvenció de les representacions anatòmiques a partir dels nous usos fotogràfics.

La segona sessió, a càrrec de Luis Ángel Sánchez Gómez, començarà per una breu presentació del fenomen de les exposicions i els seus tipus (internacionals, colonials, missioneres, antropològiques i comercials) en el context europeu i nord-americà des de 1851 a 1958. A continuació es procedirà a un ràpid recorregut pels exemples més rellevants d’exhibició d’éssers humans considerats “exòtics” o “primitius” tal i com van ser vistos en alguns d’aquests esdeveniments, la major part marcats per projectes de dominació colonial i racial de “l’home blanc”. I, finalment, la xerrada se centrarà en les exposicions organitzades a Espanya, tant a Madrid com a Barcelona, durant les dècades finals del segle XIX i les primeres del XX.

Luis Ángel Sánchez Gómez és professor del Departament de Prehistòria de la Facultat de Història de la Universidad Complutense de Madrid. Ha treballat de manera extensa la seva disciplina en els àmbits de la història de l’imperialisme i de la història de les exposicions, en especial les colonials i les de les missions religioses. Autor prolífic, entre d’altres treballs dels llibres: Un imperio en la vitrina: el colonialismo español en el Pacífico y la Exposición de Filipinas de 1887. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2003 i Dominación, fe y espectáculo: las exposiciones misionales y coloniales en la era del imperialismo moderno (1851-1898). Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2013.

Crèdits fotografía: AFCEC. Família d’Aixantis, exhibits a la Ronda Universitat de Barcelona, 1897.