Der Arzt in der Studierstube

Hoy llega el folleto publicitario de una publicación de Gilles Barroux, para el CNRS francés: La médecine de l’Encyclopédie, una antología de las entradas más significativas, desde el punto de vista historicomédico, de la monumental obra dirigida por Diderot y D’Alembert.

Una publicación interesante, sin duda; pero no es eso lo que me lleva a subir esta nota en nuestro blog, sino la ilustración que acompaña este folleto (y que cabe deducir es la que irá en la portada del volumen de inminente publicación). Incomprensiblemente, la elección no ha recaído en ninguno de los grabados de la Enciclopedia, quizá por ser demasiado conocidos, quizá – en los tiempos que corren es más que posible – porque los precios de reproducción que cobra la corporación que en estos momentos tenga los derechos son abusivos.

Sea como sea, la poco esperada elección de la ilustración ha sido una sorpresa para mi, puesto que nunca había visto esa imagen, que resulta ser no solo pertinente sino excepcionalmente adecuada para el tema que dio origen a estas “Anatomías Urbanas”.

Arzt und Theatrum anatomicum / Kohl

© akg-images

Según la colección del Archiv für Kunst und Geschichte, desde la cual reproducimos la imagen, se trata de un grabado de Clemens Kohl (1754–1807) sobre un dibujo de Johann Sollerer (1747–1809) con el título Der Arzt in der Studierstube (“El médico en su estudio”), datado en 1794.

Hot off the press: Barcelona: An Urban History of Science and Modernity, 1888-1929

It took 2 publishers (originally Ashgate, now Routledge), three intensive workshops at the IMF-CSIC  in Barcelona, all in all nearly 4 years, to get these 10 articles by in total 18 authors in ONE book.

Cover Barcelona Urban History

Barcelona: An Urban History of Science and Modernity, 1888-1929 was just published. The blurb is here. You may also browse a little here. There is among other things a long list of names (which I will not repeat here), people to be thanked, authors, reviewers, editorial staff, librarians, archivists … Merci! It was a common project, urban in the best sense of the words. Ad multos lectores!
Origen:
Hot off the press: Barcelona: An Urban History of Science and Modernity, 1888-1929

Las ceras anatómicas del Hospital do Desterro de Lisboa: un tratamiento ejemplar para una colección

En el centro de la ciudad de Lisboa, en un recinto que reúne un antiguo convento, un palacio, varios anexos y pabellones, se halla el Centro Hospitalar de Lisboa Central (lugar más conocido por cualquier lisboeta como Hospitais Civis); allí, se conserva una singular colección de piezas anatómicas, artefactos, folletos de propaganda y literatura médica relacionada con la dermatología y la venereología del Portugal de principios del siglo XX.

La mayor parte de las piezas provienen del Hospital do Desterro que fue cerrado y “desactivado” como tal en 2007. Se trataba de un conjunto arquitectónico que se remontaba al siglo XVI, aunque entonces fuera creado como convento y no como hospital. Fue hacia 1750 cuando el Desterro se habilitó como “hospital de retaguarda” del gran hospital lisboeta de Todos-os-Santos. Tras diversos avatares en los que el recinto sirvió de hospital de la marina y de los afectados por la fiebre amarilla, entre otras cosas, en 1862 comenzó a ser el lugar de destino final de las prostitutas enfermas, que hasta ese momento habían estado internadas en el hospital de Rilhafoles, en condiciones miserables. Así, la Enfermaria de Santa Maria Egipcíaca del Hospital do Desterro se convirtió en lugar de tratamiento e investigación clínica en torno a las enfermedades venéreas, que pasaron a ser la dolencia prevalente en todo el Hospital do Desterro, hasta el punto de que la expresión «ir para o Desterro» pasó a ser de uso común para significar a las personas víctimas de las enfermedades de transmisión sexual a finales del siglo XIX y primeras décadas del XX, cuando, como en toda Europa, llegaron a convertirse en objeto preferente de las campañas sanitarias y de las políticas de profilaxis típicas de la Medicina Social.

Hospital do Desterro Lisboa c1900

Fachada del Hospital do Desterro, a principios del siglo XX

La colección.

En 1933, la dirección del servicio de dermatología del Hospital do Desterro pasó a manos de Luís Alberto de Sá Penella (1889-1955), que orientó su práctica de investigación a la sifilografía. Sá Penella formó una colección de figuras de cera que reproducían diversas dolencias venéreas. Una colección que, trasladada al recinto de los hospitales civiles de Lisboa al cerrarse el Desterro, se juntó con la formada por Manuel Caeiro Carrasco (1899-1968) que ejerció la dirección del mismo servicio en el Hospital dos Capuchos.

Coleccâo Destierro

La colección tal como estaba instalada en septiembre de 2010

Lo explica António Perestrelo de Matos, en el capítulo 6 del libro cuya reseña cierra esta entrada: “El conjunto que llegó hasta nosotros es de 260 moldagens de cera, manufacturados entre 1935 e 1945 y era la suma de dos colecciones de los servicios de dermatología de dos hospitales: el del Desterro (198 moldagens) y el de Santo António dos Capuchos (62 moldagens)”.

El proyecto.

Cuando el Desterro fue cerrado en 2007 las piezas, como se ha indicado, se trasladaron al Salâo Nobre do Hospital dos Capuchos, gracias a la acción cívica de algunos médicos del Desterro, especialmente de Joâo Carlos Rodrigues, quien falleció prematuramente en 2009.

A partir de aquí, nació el proyecto A Ciência, a Clínica e a Arte da Sífilis no Desterro, 1897-1955, coordinado por Cristiana Bastos investigadora del Istituto de Ciéncias Sociais, en la Universidade de Lisboa. En 2009, consiguieron la financiación de la Fundaçâo para a Ciéncia e a Tecnologia para desarrollar una serie de objetivos científicos, historiográficos y divulgativos entre 2010 y 2013. Cristiana Bastos contó para ello con un equipo formado por Ana Delicado, Antonio Perestrelo de Matos, Celia Pilâo, Luis Saraiva y Sandra Tacâo y el asesoramiento consultivo de Marta Lorenço, Ilana Lowy, Sergio Carrara, Alan Brandt, David Kertzer y Thomas Schnalke.

Un proyecto integral que contemplaba desde la catalogación de todo el legado, hasta la publicación de una monografía dedicada a dar a conocer los resultados de toda la investigación llevada a cabo por el equipo, pasando por la restauración de las piezas y el proyecto museográfico dedicado a su exhibición pública en el marco del recinto hospitalario donde se hallaban.

Desterro peça CHLC0052

Desterro, peça CHLC0052 tras la restauración a cargo de Conceiçâo Ribeiro

La exposición.

La exposiciçon «Memórias do Desterro» fue inaugurada en abril de 2011 y, según explicaban sus ideadores “pretende ser la primera de un programa de exposiciones de media duración de carácter médico, social, histórico, de investigación y artístico, simultáneamente”. La idea era la creación a partir de ahí de una estructura en la que “médicos, investigadores y artistas plásticos colaboren en propuestas conjuntas de exposiciones, a partir del acervo existente que se busca ahora mantener en el mejor estado de conservación”.

imágenes de la exposición “Memórias do Desterro”, Lisboa, 2011

En el núcleo museológico del Hospital dos Capuchos, abierta al público, la colección se puede visitar actualmente. El elemento central son los “moldagens de cera representando lesôes dermatológicas”.

Al contrario que las otras colecciones hoy conservadas y exhibidas en distintas ciudades de Portugal (Porto, Coimbra, además de la misma Lisboa) estas piezas fueron ejecutadas en Portugal, en los años 30, a partir de pacientes concretos y algunas de ellas fueron usadas para artículos científicos a cargo de los dermatólogos y sifilógrafos encargados de la salud de esos pacientes. Lo explica muy bien Cristiana Bastos en la introducción del libro cuya publicación coordinó en 2011.

El libro

Bastos (2013) Clinica, Arte

Volumen publicado por el ICS en 2011

La primera parte del libro traza una detallada historia del Hospital do Desterro (Capítulo 2, de Luiz Damas Mora), emplazándola en una historia más general de la asistencia en Lisboa (Capítulo 1, de António Matoso) y de las sucesivas etapas, marcadas por el gran hospital renacentista Todos-os-Santos, en Rossio y, más tarde, por el de San José, a partir del antiguo colegio jesuita de Santo Antão-o-Novo, que a partir de la República serán los Hospitais Civis de Lisboa. Sigue a ello un capítulo de “hechos y figuras de la dermatología portuguesa” (Capítulo 3, con textos de João Carlos Rodrigues).

La segunda parte del volumen presenta una muy interesante mirada a los problemas generales que el proyecto aborda: la musealización de las ciencias médicas (Capítulo 4, de Ana Delicado) y el uso de la ceroplastia en la representación del cuerpo sano y enfermo (Capítulo 5, de Cristiana Bastos), seguida de otra mucho más concreta, centrada en la creación del proyecto museográfico para estas piezas  (Capítulos 6 e 7, de António Perestrelo) y la respectiva restauración (Capítulo 8, de Conceição Ribeiro).

Por último, la tercera parte intenta ofrecer un panorama del significado social, cultural y médico de la sífilis en el momento histórico de la formación y ejecución de las piezas de la colección, es decir, los primeros decenios del siglo XX. Porque no se trataba solamente de unas piezas dedicadas a la enseñanza de una especialidad médica, sino de un problema social que implicaba actuaciones médicas, pero también policiales, reglamentaciones gubernamentales, campañas sanitarias, así como espacios más allá del hospital –como enfermerías, dispensarios, tiendas de gomas y lavajes, cabarets, prostíbulos y meublés– sin olvidar las ideologías en causa que impregnan los mecanismos de propaganda de masas usados en la profilaxis. Estos son los temas que se abordan en los capítulos 9 (Cristiana Bastos y Rita Carvalho), 10 (Cristiana Bastos), 11 (Célia Pilão y Sandra Tacão) y 12 (Mónica Saavedra y Luís Saraiva).

Cerramos este apretada síntesis del proyecto con un nuevo enlace a la web (un instrumento desarrollado por el equipo del proyecto, también ejemplarmente ejecutado): esta vez al catálogo completo de las ceras  Catálogo de las ceras anatómicas “do Desterro”

En conclusión, un proyecto ambicioso, completo y cumplido; un ejemplo de actuación patrimonial, históriográfica y divulgativa que merece no sólo reconocimiento, sino también ser tenido muy en cuenta a la hora de plantear otros similares en el futuro.

 

El Diluvio

En la ciudad, los espacios, sean edificios o calles, adquieren significados en función de lo que hacen las personas. En esa relación se produce la vida urbana. No es difícil que los campos semánticos de un período determinado se pierdan, así como se transforman aquellos espacios y sus significantes. En buena medida es la literatura, y también el periodismo, la que permite la transmisión de recuerdos, la que facilita el acceso a determinados códigos urbanos. Esta reflexión viene a colación de lo que fue la fachada del diario El Diluvio, ubicado en su última y fecunda etapa en la calle del Consell de Cent, 345, de Barcelona.

La imagen que nos sirve de comentario procede del libro que acaba de publicar ediciones Carena, gracias al buen oficio del periodista Gil Toll: El Diluvio. Memorias de un diario republicano y federalista de Barcelona (1858-1939). Tan sólo hace tres años este periodista de TV3 ya hizo otra gran contribución a la recuperación de la memoria del llamado “periodismo libre” con la publicación del libro: Heraldo de Madrid, tinta catalana para la Segunda República española (Renacimiento, 2013). En el escenario abierto por el nuevo milenio puede resultar paradójico comprobar lo que han supuesto las tecnologías digitales. Por una parte, en efecto, nos permiten disponer de medios de comunicación digitales, minoritarios, con una perspectiva crítica, sin dependencia económica de intereses espurios y con una relación intensa con una ciudadanía activa, participativa y comprometida. Por otra parte, se ha producido un contraste con la información digital a partir de la cual se reconstruye el pasado. Podría parecer que La Vanguardia o el ABC fueron los dos únicos diarios que existían en Barcelona o en Madrid entre finales del siglo XIX y el siglo XX. Los repositorios digitales de prensa histórica institucionales, tanto de Madrid como de Barcelona, a pesar de los esfuerzos realizados, no han cubierto la necesidad, aún mayor para el joven historiador actual que trabaja online, de digitalizar series enteras de las cabeceras que competían con la prensa de la burguesía. El Diluvio, así como tantos otros diarios, han quedado ocultos. La sombra de la hegemonía burguesa se extiende así hacia el pasado, sin cejar en la creación de una versión del presente. (Sirva de ejemplo este artículo de el Heraldo de Madrid.

El libro editado por Gil Toll permite ver los mundos del periodismo de aquella Barcelona: los redactores, los temas calientes, la lucha contra la injusticia, la censura, la fuerza del mundo urbano y del municipalismo, la alegría de la República, la conflictiva vida social y política ciudadana y la tristeza de la guerra. La ruta para la reconstrucción del inconsciente urbano del pasado que facilita El Diluvio de los años 1920 y 1930 está compuesta por las plumas afiladas y plurales de reporteros como Jaume Claramunt, Frederic Pujulà, Àngel Samblancat o Regina Lamo, y de reporteros gráficos como Brangulí. Es el periodista incisivo y comprometido de aquella época que cuenta con ejemplos tan genuinos como diversos entre los que cabe recordar a Manuel Fontdevila, Manuel Chaves Nogales, César González Ruano, Julio Camba, Francisco Madrid, Just Cabot o Domènec de Bellmunt. Para el caso de la prensa catalana se debe reconocer la enorme contribución realizada en los últimos años por la editorial A Contravent, tanto en la recuperación de textos originales como en la producción de estudios rigurosos.

Volvamos a la imagen, a la fachada de El Diluvio. La entrada de las tropas franquistas supone el cierre del diario, la salida hacia el exilio de buena parte del equipo directivo y de redacción y la muerte del propietario Manuel de Lasarte en la carcel Modelo. No tenemos certeza de la fecha exacta de cuando se produjo la transformación del edificio que ocupaba El Diluvio, pero la comparación entre fotografías nos permite advertir el fenómeno de la especulación, característico del desarrollismo franquista en l’Eixample, con esa ampliación de pisos añadidos en altura. Es un caso más que no agota la compleja transformación urbana de Barcelona operada bajo la alcaldía de Porcioles.

Bajo la acusación de marxista, entre otras barbaridades, el edificio de El Diluvio y su contenido fueron incautados y controlados de inmediato por la Falange, que lo integraría en su extensa red de negocios y cadenas de fidelidades. La familia del empresario y dueño de El Diluvio, encabezada por su mujer Àngels Busquets, lucharon en los tribunales franquistas durante años para recuperar sus propiedades. El redactor del antiguo Heraldo de Madrid, Carlos Sampelayo, escribió un artículo demoledor –Los delitos “legales” de la Dictadura– sobre éste y otros tantos casos semejantes en la publicación Tiempo de Historia (1 de diciembre de 1978). Podría parecer una historia conocida pero la realidad, a pesar de poder imaginar el caso, resulta insuperable. Veamos el asunto a través de la biografía de un objeto: la rotativa de El Diluvio. La prensa del movimiento se fundamentó en una ley de julio de 1940 que ordenó el traspaso inmediato a la Delegación Nacional de Prensa y Propaganda de la Falange de todo lo habido en los talleres de la prensa contraria al Movimiento Nacional.  Aquella rotativa del Consell de Cent, 345, acostumbrada a imprimir en papel republicano del tintero crítico y democrático, había de ir a parar a Alcalá de Henares, a una de las prisiones donde el franquismo reprimía sin límite. La rotativa se puso a disposición de la nueva sede del diario Redención, que desde el primero de abril de 1939 había impulsado la Asociación Católica Nacional de Propagandistas. Formaba parte del imperio editorial, propagandístico y periodístico, de tan alargada sombra, de la Editorial Católica. Redención no fue un periódico más. Dirigido por José María Sánchez de Muniain, a la sazón vocal de propaganda del Patronato de Redención de Penas, y supervisado por el Director General de Prisiones, de nombre sintomático, el general Máximo Cuervo, Redención fue el supuesto órgano de expresión de periodistas, artistas y literatos, de los “agradecidos presos republicanos a la magnanimidad del Caudillo”. En realidad fue otro elemento más de la estrategia represora franquista de eliminación de toda oposición política, basado en la delación y el arrepentimiento público como vías para la redención del preso y salvación de su vida, pero no para evitar el castigo y la pena. Sobre este asunto resultan enriquecedoras las páginas escritas per Eutimio Martín sobre el oficio de poeta de Miguel Hernández (Aguilar, 2010).

El edificio de El Diluvio también se reinventó poco después del fin de la guerra. No sabemos cómo pasó de la Falange a otras manos, pero tenemos certeza de la ubicación de las Galerías Pallarés desde el mismo año de 1940. La investigación de Cristina Zabala ha arrojado luz sobre la temprana contribución de Barcelona a la construcción del imaginario cultural franquista. Su excelente publicación sobre las galerías de arte barcelonesas de los años 1940 pone de manifiesto las bases en las que se impulsó el mercado del arte, donde prosperaron individuos poderosos como los hermanos Julio y Álvaro Muñoz Ramonet. De la mayor parte de las galerías de arte que tomaron como eje el paseo de Gracia en la década de 1940 se desconoce el nombre del propietario y del director artístico. Es también el caso de la Galería Pallarés, en funcionamiento hasta finales de los años 1950. Resulta sorprendente, en un contexto de pobreza y de funesta autarquía, el gran número de galerías, sin comparación posible con Madrid o Valencia, y los varios centenares de exposiciones inauguradas. En las noticias de la prensa de estos años, en ABC y La Vanguardia, se puede observar la instauración de una nueva escenografía del poder franquista en la ciudad, completamente militarizado. Baste como ejemplo este artículo del ABC de 1944. El arte parecería haber contribuido a crear un nuevo relato de hegemonía cultural y, en parte, también desde aquel emblemático lugar que fue la sede de El Diluvio.

Dossier de la revista Dynamis “Modelos anatómicos. Cuerpos y objetos en la ciencia contemporánea”

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La revista Dynamis (Vol. 36, Núm. 1 2016) publica un dossier con 5 artículos 5

Colecciones anatómicas y regímenes de exhibición. Una introducción
Alfons Zarzoso
Modelando ciencia. La ceroplástica de Ignacio Lacaba en el Colegio de Cirugía de San Carlos de Madrid
Maribel Morente
The spatial rhetoric of Gustav Zeiller’s popular anatomical museum (p. 47-72)
Nike Fakiner
Divinos cadáveres: género, discurso médico y colecciones anatómicas en la leyenda de Pedro González de Velasco (p. 73-92)
Alba del Pozo
Pathological anatomy and self-portraiture (p. 93-118)
Glenn Harcourt, Lisa Temple-Cox