PEEP SHOW Sobre el exhibicionismo en el espacio público

El peep-show, ese espectáculo al alcance del adulto, de manera predominante hombre, al que se accede a través de una rendija, tal vez metafórica, forma parte de los objetos de estudio de Anatomías Urbanas. Como en el PEEP-SHOW, nos interesa lo que se mira, dónde se mira y quién lo mira. En el proyecto curatorial de Jordi Pallarés, que tiene lugar durante este mes de abril de 2017, en el Arts Santa Mònica y en la ciudad de Barcelona, estas ideas toman cuerpo en un centro que experimenta con el lenguaje artístico y que pone en jaque la normalidad, que se arriesga en el territorio de la duda.

La correspondencia entre el PEEP-SHOWde l’Arts Santa Mònica y las colecciones anatómicas que circularon por la ciudad de Barcelona –también por toda Europa y América- desde finales del siglo XVIII hasta bien entrado el siglo XX es evidente. También todo el programa intelectual, conceptual, metodológico que hay tras ambos proyectos. En los museos anatómicos, ante los cuerpos desnudos, a veces maltratados por la enfermedad, ante la belleza sensual de las jóvenes “venus anatómicas”, compartimos las preguntas de Debord sobre cómo se gestiona el rol de cada uno de nosotros en cada momento, qué significado tienen las miradas, cómo nos construimos en el espacio y en el momento de mirar. En aquellos espacios, generadores de una prácticas culturales, negligidas por la historia, tal vez subversivas, se anticipa la contemporaneidad. Entonces, como ahora, resulta díficil intentar registrar aquellas miradas públicas, acercarse a aquel juego de espejos y entender su resultado que no es sino la percepción obtenida. Las fuentes escasean y cuando se encuentran hay que ver el régimen moral que se halla tras las construcciones verbales.

El día que consigamos que regrese la colección de lo que fue el Museo Roca –en ello estamos- y podamos poner en contexto en aquella Barcelona de los años 1920 y 1930 la cultura material de los museos anatómicos, el espectáculo del PEEP-SHOW, deberemos de contar con colegas como Jordi Pallarés u Óscar Guayabero –con quien ya trabajamos en la exposición TRAÇ  El dibujo como herramienta de conocimiento– y con espacios como el Arts Santa Mònica. Trabajamos para que sea pronto, mientras tanto no os perdáis las residencias de los putos artistas que colaboran en el PEEP-SHOW.ps_peepshow-1240x360

Friquis i ciència: el Museu Roca de Barcelona

El passat divendres, 31 de març de 2017, en la secció de ciència de ‘La tarda de Barcelona’, de betevé 91.0 fm, l’Òscar Montero ens parla de les barraques de fira, que també van ser un escenari comú al Paral·lel de la Barcelona més boja. Les paradetes de menjar dolç es mesclaven amb tarotistes, ocultistes, dones barbudes, forçuts o bous hermafrodites. Enmig de tot, s’hi alçava la barraca Museu de Francesc Roca, un museu de rareses dedicat a entretenir i divulgar aspectes poc coneguts de l’anatomia humana. En parlem amb Alfons Zarzoso, historiador de la ciència i director del Museu d’Història de la Medicina de Catalunya.

Entrevista a ràdio betevé

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Fin del “Morbid Anatomy Museum”?

En la víspera de la Navidad del pasado 2016, los colegas del Morbid Anatomy Museum anunciaban una noticia trágica: el cese de toda actividad de dicha institución. La razón, tan simple como lamentable: se acabó el dinero, no hay liquidez para pagar el alquiler. Y, por tanto, no se pueden financiar las actividades ordinarias, múltiples, con las que este proyecto se ha comprometido desde sus inicios. Es una tristísima noticia. Aún más cuando esta situación terminal afecta a un espacio de cultura, de gran singularidad. Tan sólo queda ahora un último y complicado salvavidas que, como todo el proyecto desde sus orígenes, se fundamenta en el apoyo económico privado, individual, a través de esta plataforma de microfunding.

Morbid Anatomy Museum muere sin cumplir los tres años de existencia. El proyecto arrancó en 2014, en el barrio Gowanus de Brooklyn, en el 424 de la 3ª Avenida de Nueva York, gracias a la naturaleza incombustible de Joanna Ebenstein y contó con el apoyo financiero de Tracey Hurley Martin, así como con una nómina de donantes privados (entre los que se halla el que subscribe). Fue un esfuerzo insuficiente para una institución peculiar, dedicada a “explorar las intersecciones de la muerte, la belleza y de todo aquello relacionado que caía por las grietas de la cultura”. La fascinación de la fotógrafa y diseñadora Ebenstein por las respuestas ante la muerte y por la cultura material desplegada –máscaras y parafernalia mortuoria, modelos anatómicos, taxidermia, libros y efímera- se topó con la afición y la empresa funeraria de las gemelas Tracey y Tonya Martin. El trabajo de Joanna Ebenstein en este mundo había arrancado previamente y ha obtenido unos resultados impresionantes en la última década en forma de blogs, exposiciones, publicaciones y un museo. No es posible glosar aquí una trayectoria tan fructífera. Recientemente nos hicimos eco de su último libro “The Anatomical Venus” en nuestro blog de Anatomías Urbanas, de factura tan bella y contenido tan singular como su libro “The Morbid Anatomy Anthology”.  Esta capacidad de trabajo se ha puesto de manifiesto, durante los poco más de dos años de existencia del museo, en una ingente cantidad de actividades, en una política activa de rescate y difusión del patrimonio, en la creencia y verdadera ejecución de la transdisciplinariedad, en el apoyo real y financiero al trabajo complementario de artistas y académicos. La agenda del blog Morbid Anatomy da fe de los resultados conseguidos. La prensa se ha hecho eco de todo ese trabajo de manera notable, pero no ha bastado. Resulta paradójico congratularse ante tamaño esfuerzo, felicitar y animar a Joanna y sus colegas, y asistir al cierre de la parada como recompensa final.

En Barcelona somos unos cuantos los que guardamos un grato recuerdo y seguimos colaborando y apoyando a Joanna Ebenstein. Es un grano de arena más, con la ilusión de construir y comprender otras miradas desde una idea activa de la historia.mam-nyc-2016

The Interactive Ivory Women of Early Modern Germany

Cali Buckley, estudiante de doctorado en historia del arte en la Penn State University y actualmente becaria Fulbright en la Friedrich-Alexander University, de Nuremberg, nos ofrece esta presentación de su proyecto de investigación sobre estas marfileñas “mujeres interactivas”:

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When one considers anatomical models, they often think of highly accurate colored waxes or body parts stored in jars. It is largely in history museums, libraries, and private collections where a different kind of anatomical model is displayed—the ivory anatomical manikin.

She is very small—rarely much larger than the length of a hand. She is depicted with eyes closed, head resting on lacy ivory pillow and body stretched across a cloth-covered wooden bed. One arm lies at her side and the other on her distended stomach. Both can be lifted upward, one above the head and the other with the wrist touching the forehead as if in a state of distress. Her breasts and belly form a lid which, upon opening, reveals her insides. First to appear are her lungs, heart, diaphragm, and intestines. Once these pieces are removed, the viewer can see further inside, where the stomach, liver, bladder, kidneys, and womb reside. The uterus itself has a thin ivory cover that can be taken off to divulge a tiny fetus, still attached to his mother by a red silk umbilical cord.

To modern eyes such an object seems simple and strange, but it was made for a time long before ours. These manikins were originally crafted by the ivory carver Stephan Zick in Nuremberg. He had a keen attraction to anatomy and knew how to create turned as well as hand-carved ivories. He melded these interests by producing highly intricate eye and ear models, but ultimately fabricated a number of full-figure anatomical models as well—a majority of them of pregnant women. There are some men, but most were created as a pendant to the female.

Zick’s innovation was likely influenced by the increase of physicians and “man-midwives” working in women’s medicine—a field previously dominated by female midwives without academic training. The man-midwife Francois Mauriceau inscribed on the back of his manikin: “for the diseases befalling pregnant women and those in the birthing bed.” The surgeon Jusef Fuardi wrote of his wax copy of a manikin: “He was ashamed that his pupils in surgery should not be better taught, and he created this for the purpose described in the above lines.” The ‘above lines’ contain a monologue, seemingly by the manikin herself, addressed to pupils of surgery and saying that she is meant to help them curtail the suffering of women. (for the full translation from French, see C. J. S. Thompson, “Anatomical Manikins,” Journal of Anatomy 59.4 (July, 1925): 442–447.)

Of the roughly 175 manikins that exist today, we can link a number of them to man-midwives or families of doctors. We can assume that these models were indeed employed by doctors, but it is difficult to discern how. Ivory manikins are minute, complex, expensive, yet inexact objects. Their use only makes sense in terms of their historical context.

The man-midwife of the seventeenth century likely owned a number of objects in ivory—anything from the handles of scalpels and saws to decorative objects such as skulls or memento mori—which displayed his wealth. The female ivory manikin could be both a tool and an objet d’art: she could be displayed passively or used as a prop in lectures to students. For the latter, she need not be explanatory—she acts as a medium to direct attention as the physician presents his ideas and extrapolates upon her parts.

These objects may have been an early modern fad, but their use remains a testament to the ways in which the history of art and science intersect by social, political, and commercial means.

Link to blog: https://ivoryladies.wordpress.com/

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Todas las fotografías son de Cali Buckley y proceden de la Trent Collection, en la Rubenstein Library de la Duke University.