Con la ayuda de los ojos de John Berger…

Se levanta el nuevo año 2017 con la muerte de un hombre comprometido, de un pensador influyente.  Su legado resplandece hoy. Son muchas las razones que permiten convocar la presencia de John Berger en nuestro blog. No las glosaremos todas.

Una de las ideas que nos animaron a pensar históricamente las “Anatomías Urbanas” procedía de la comunión con una forma bergeriana de observar y de tratar de entender las relaciones humanas sin perder nunca de vista su contexto. La palabra precisa evita la jerga, embaucadora. Procede a partir de una mirada etnográfica a la compleja realidad que nos rodea y que la repetición normaliza. Dar sentido a la historia: siempre parece que sabe lo que busca. Y las imágenes dando textura al texto. Así se puede entender la dura vida de “un hombre afortunado” como fue la del médico John Sassall en una comunidad rural –un libro que deberían de leer los estudiantes de medicina antes de iniciar su vida laboral. Y también, en “el séptimo hombre”, la no menos dura vida de los trabajadores inmigrantes analizada y retratada en la industrializada Europa del Norte de los años 1960 –otro libro que deberían de leer los estudiantes de bachillerato para reconocer su presente. En estos libros las fotografías de Jean Mohr y las palabras de Berger se convierten en pruebas, evidencias sólidas, verdaderos argumentos, agentes de cambio. Es una manera de construir un relato despertador.

Otra de nuestras ideas estaba anclada en esa forma de mirar bergeriana: en los “ways of seeing” (1967). O en “about looking” (1980). Libros fundamentales. El conocimiento y la visión tienen una relación compleja. Así, la mirada no puede ser inocente ni neutral: “lo que sabemos o lo que creemos afecta al modo en que vemos las cosas”. Y cada momento y cada contexto condicionan a su vez aquella mirada. De nuevo el sentido de la historia. En esa disputa entre la habilidad pasiva de lo que registra el sentido de la vista y la capacidad activa de la conciencia humana, los modos de ver de Berger contribuyen a historizar los “régimes scopiques” descritos por C Metz (1975) y por muchos otros después. Miramos, pues, con diferentes propósitos -científicos, artísticos, voyeurísticos-, ordenamos, como objetos, lo que vemos y lo situamos en un contexto, dándonos sentido. Así, en nuestra mirada a la ciudad, en la disección anatómica de sus calles, de sus edificios, de sus viandantes, de sus objetos expuestos y circulantes, los de “Anatomías Urbanas” intentamos hallar significados en las apariencias, en los tránsitos, en lo evanescente. Es otra manera de construir un relato despertador.

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